gasolinazo

El cristiano y el gazolinazo

John M. Ackerman, columnista Jornada y Proceso, ofreció su opinión y análisis del gasolinazo para La Jornada hace un par de días. Aunque no estoy de acuerdo con todo lo que él dice, y dado que reconozco que su entendimiento de la situación es mucho mayor que mi limitado entendimiento, no intento responder formalmente a ninguna de sus observaciones, sino agarrarme de un par de sus declaraciones para presentar mi propia reflexión desde una perspectiva evangélica.

Él hace dos declaraciones que llamaron profundamente mi atención. (1) Al final de su columna, el dice, “Las marchas y las protestas son muy importantes como vía para expresar y desahogar la indignación ciudadana. Sin embargo, solamente funcionan para modificar políticas públicas cuando los gobernantes tienen sensibilidad social y política. Quien crea que el actual secretario de Hacienda y los comisionados de la Comisión Reguladora de Energía van a echar atrás el gasolinazo por una marcha o un boicot de unos días, seguramente también cree que los Reyes Magos en persona llevarán regalos a los niños de México este próximo viernes en la mañana. Una condición sine qua non para que los ciudadanos podamos jugar el papel protagónico que nos corresponde es el establecimiento de un gobierno participativo y popular que respete la institucionalidad democrática y escuche a su población. En otras palabras, hace falta un gobierno totalmente nuevo y diferente, un giro de 180 grados en comparación con lo que hemos vivido con Calderón y Peña Nieto. ¿Es mucho pedir?”

Tristemente, en México el gobierno no es un gobierno participativo ni popular que respete la institucionalidad democrática y escuche a su población. Un México donde esto fuera realidad es un sueño muy lindo. Mi mente no logra imaginar tal México. Mi postura, por pesimista que sea, no llega al punto del fatalismo o la resignación. Los mexicanos debemos buscar un gobierno bueno, que nos beneficie a todos. (La sugerencia que Ackerman parece ofrecer es AMLO. Dudo mucho que Obrador sea la respuesta).

¿Cuál debería ser entonces nuestra postura como mexicanos? Y más importantemente, ¿Cuál debería ser nuestra postura como mexicanos cristianos? Claramente, como Ackerman indica, las protestas y marchas no son efectivas para mover a un gobierno como el de México. No es necesariamente pecaminoso manifestarse, ya que la expresión libre es, en teoría, un derecho en nuestra nación. Sin embargo, parece ser que en nuestro país, manifestaciones y protestas equivalen virtualmente al vandalismo, los insultos, los excesos. La experiencia nos enseña que la mayoría de las manifestaciones en México no son pacificas, civiles, ni informadas, sino que a menudo estas son ocaciones para el desenfreno y la anarquía.

Si tú como cristiano estás en desacuerdo con el gobierno, es tu derecho como ciudadano de los Estados Unidos Mexicanos el expresarte libremente, pero es tu obligación como ciudadano del reino de Dios, el no hablar palabras ofensivas, insultos, maldiciones, etc. Entonces, si tienes la oportunidad de manifestarte pacífica y civilmente, puedes hacerlo. Esto está, en teoría, bajo la ley, y por lo tanto tu expresión de desacuerdo no viola los principios que el apóstol Pablo establece en Romanos 13.

Sin embargo, la Biblia tiene bastantes advertencias para las personas que son prontas para hablar, y para los que juzgan. Si tu opinión no está bien informada, o si tu opinión es de naturaleza juiciosa, asegúrate de que la viga en tu ojo ha sido quitada, de lo contrario, te es mejor delante de Dios abstenerte de impartir juicio.

Busca soluciones prácticas

Vota Informado

Una forma práctica de tener un gobierno mejor es involucrarse más en la política del país de una forma más informada. Muchos mexicanos, vergonzosamente, siguen votando por sus representantes basados en su apariencia física o su partido político, y al mismo tiempo ignoran completamente las políticas, iniciativas, credenciales, educación, principios, etc. del candidato.

Se un buen mayordomo

Si la gasolina subió de precio y el salario mínimo sigue igual de miserable, es un buen momento para aprender a usar los recursos que Dios nos da de forma más eficiente, y de forma que le de la mayor cantidad de gloria a Dios. No es congruente quejarse del aumento de la gasolina y al mismo tiempo malgastar el dinero en cafés extranjeros que cobran como si todavía estuvieran en Seattle, o en ropa de marca, iPhones, y pantallas más grandes que el muro de tu sala (Tampoco vayas a saquear el Chedraui y sacar unas pantallas). No es congruente quejarse del gasolinazo y aun así continuar usando el carro para transportarse tres cuadras. Considera usar una bicicleta o caminar. Considera tener un presupuesto mensual donde tus gastos estén planeados. Considera ser generoso. Si tu hermano no tiene mucho dinero ofrécele un aventón. Si tu hermano no tiene mucho para la comida, ofrécele que venga a comer a tu casa una vez a la semana. Incluso si tú mismo no tienes mucho dinero, recuerda a los Cristianos de Macedonia que dieron de su misma pobreza. Recuerda las palabras de Pablo a los Filipenses, “Se vivir en abundancia y en necesidad.” La clave esta en tu unión con Cristo. Si estás unido a Cristo, tu contentamiento no está basado en el precio de la gasolina, sino en todas las bendiciones espirituales que son tuyas en Cristo.

Ora con acción de gracias

Pablo exhorta a los Filipenses a que no estén afanosos por nada sino que le pidan a Dios con acción de gracias. En otras palabras. Ora a Dios, y dile lo que sientes, pero no se te olvide agradecerle incluso por tu situación económica. Dios suplirá todas tus necesidades.

(2) La segunda declaración de Ackerman me dejo pensando todavía más. Él dice que, “la mejor forma de evitar un aumento en la carga fiscal no es con el suicidio del Estado, sino con la construcción de un nuevo gobierno honesto, social y autosustenable.” Es impresionante ver que John tiene su esperanza en que el gobierno de AMLO va a lograr esto. Estoy seguro de que es humanamente posible tener un buen gobierno. Existen algunos países en el mundo que aparentan tener un gobierno decente. Sin embargo, un gobierno cien por ciento honesto, social y autosustentable no puede ser logrado por el hombre. El único gobernante que es capaz de lograr esto es Jesucristo. El profeta Isaías describe a este gobernante como alguien sabio e inteligente, alguien poderoso, con conocimiento. Esto es un gobierno autosustentable. Él no juzga por lo que sus ojos ven, ni sentencia por lo que oyen sus oídos. Jesús es un gobernante honesto. Él juzga a los pobres y afligidos con justicia. Él destruye a los impíos. Él es un gobernante social que tiene un corazón verdadero para con los pobres y afligidos. Tristemente, en este mundo, todos los gobernantes, por más buenos que sean, ultimadamente buscarán sus propios intereses. Jesucristo es el único rey que vino a servir y no a ser servido. Es el único rey que se humillo hasta la muerte, y muerte de cruz.

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