exodus

Lee la Palabra: Éxodo

Recientemente, en nuestra iglesia, concluimos una serie expositiva del libro de Éxodo. ¡Que gran libro! No imaginé que lo disfrutaría tanto. Me dan ganas de regresar en el tiempo y dedicar más domingos a este libro tan elegante, profundo, y bello.

Por mientras, compartiré algo de lo que aprendí de esta obra maestra con el propósito de animar a otros creyentes (y no creyentes) a leerla, estudiarla, meditarla, memorizarla, masticarla, escarbarla, devorarla, etc. Lo que sea necesario para que el Espíritu Santo transforme y domine tu corazón con su perenne palabra.

La importancia de Éxodo

Éxodo es un libro indispensable para entender el drama completo de la redención que Dios ha revelado en la Biblia. En este libro varios temas e ideas fundamentales que continuaran apareciendo en toda la Biblia son introducidos. El nombre personal de Dios, ‘Yahweh’ es presentado en esta obra por primera vez cuando Dios le habla a Moises en la montaña por medio de la zarza ardiente. Otras ideas y palabras tales como ‘salvación,’ ‘el decálogo’ (los diez mandamientos), etc. tiene su debut en el segundo libro de Moisés.

Redención

El termino ‘redención,’ y la definición del mismo, aparecen por primera vez en Éxodo. De hecho, la historia de la redención del pueblo de Israel en Éxodo es un predecesor de la, más grande e importante, historia de la redención de la humanidad que es narrada a lo largo de toda la Biblia.

Permíteme explicar a que me refiero con la afirmación anterior. En Éxodo tenemos una especie de paradigma de la redención. Podríamos resumir la historia del libro de la siguiente manera: Un grupo de personas que Dios había escogido estaba bajo el yugo de esclavitud. Dios mandó a un redentor que él preparó para rescatar a su pueblo. Un cordero fue inmolado y el pueblo se refugió bajo la sangre de este para escapar de la ira de Dios y del juicio que la presencia de Yahweh traía consigo. Después de haberlos redimido con su poderosa mano, Dios los llevó a un monte donde por medio de un mediador, les dio instrucciones sobre como vivir ahora que él iba a habitar en medio de ellos para que ellos pudieran vivir a salvo con la presencia de Dios entre ellos. Por cierto, Dios redimió a su pueblo con el propósito de habitar en medio de ellos. Dios les prometió que les daría una herencia donde Dios habitaría entre ellos para siempre. Por mientras ellos tenían una tienda donde la presencia de Dios estaba provisionalmente con ellos poderosamente.

Nuestra redención

¿Te das cuenta de que esta historia podría ser aplicada a la historia de nuestra salvación casi palabra por palabra? Esto es a lo que me refiero cuando digo que la historia de Éxodo es una especie de prototipo de la redención. Esto, no obstante, no debe resultar en comparar cada aspecto de nuestra salvación con la salvación del pueblo de Israel en el libro de Éxodo. Este es un libro histórico que narra un suceso específico en un momento específico de un grupo específico. La palabra de Dios, sin embargo, es una historia completa. No podemos tomar un libro por sí mismo y separarlo completamente del bosque completo que es la Biblia para estudiarlo como si fuera un árbol independiente. Los autores bíblicos, directa e indirectamente, hacen referencia al libro de Éxodo una y otra vez. Mateo deliberadamente compara la vida de Jesús a los acontecimiento del Éxodo. Lucas lo hace de forma más discreta. El autor de Hebreos no duda un segundo en aplicar todo el pentateuco, Éxodo incluido, a lo largo de su epístola. Pablo hace referencia a varios acontecimientos del Éxodo y los aplica directamente a la vida de todos los creyentes. Pero, como dije algunas lineas atrás, la historia de la redención del pueblo de Israel es un prototipo de la historia de la redención en toda la Biblia. En el drama de la redención, desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios escogió a un pueblo, mandó a su propio hijo Jesús para ser el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Él murió en una cruz y con su sangre cubrió a los escogidos de Dios de su juicio. Jesús además funge como mediador entre Dios y los hombres. El propósito de esta redención es que Dios habite en medio de su pueblo, el cual es la iglesia. Los escogidos, además, tenemos la promesa de Dios de una herencia donde habitaremos con Dios por la eternidad. Aun no hemos recibido esa herencia, pero Dios ya habita con sus escogidos por medio de su Espíritu Santo en el tabernáculo que es su iglesia. ¿Te das cuenta de la riqueza del libro de Éxodo y su aportación a la historia de la redención de toda la Biblia?

División del libro

El libro de Éxodo puede ser dividido en tres partes generales: (1) Redención. Esto es el éxodo propio (cuando Yahweh redime a su pueblo de su esclavitud en Egipto). (2) El pacto (cuando Yahweh hace un pacto con su pueblo en el Monte Sinaí, donde por medio de Moisés les da la ley). Y (3) La presencia. Esto se refiere a cuando Dios le da instrucciones a Moisés sobre como debe de ser construido el tabernáculo para que Dios pueda habitar en medio de su pueblo. Esta última sección es la más larga del libro. Para algunos también es la más aburrida. Sin embargo cuando nos percatamos de la tremenda importancia de estas instrucciones, el aburrimiento pasa a segundo plano y comenzamos a disfrutar las instrucciones tan intrínsecas de la construcción de esta tienda. Un ejercicio que debe ser practicado con precaución y con una exégesis disciplinada es el de comparar el tabernáculo con la iglesia. Existen muchas similitudes entre el tabernáculo y la iglesia.

Al igual que cada libro de la Biblia, el propósito principal del libro de Éxodo es poner nuestra mirada en Jesus, el autor y consumador de la fe, el único mediador entre Dios y los hombres, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, nuestro sumo sacerdote, el tabernáculo mismo, el sacrificio perfecto y final, Yahweh mismo. Te animo a que te sumerjas en esta obra maestra haciendo uso de todas tus herramientas teológicas, pero sin olvidar que estudiamos la Biblia no para dominarla sino para que por medio de ella, Dios nos domine a nosotros, y sin olvidar que la ley y los profetas hablan de Jesús. Búscalo a él, el cordero de Dios.

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