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¿Después de la información falsa en las redes, todavía crees que la verdad es relativa?

Estamos experimentando un fenómeno muy interesante en nuestras redes sociales. (El efecto de las redes sociales no está limitado al mundo cibernético. Todo lo que sucede en el mundo binario tiene efectos reales en el mundo físico y espiritual. Pero esa es otra historia). El fenómeno que estamos atestiguando es el de la información falsa o las noticias falsas en las redes sociales. Desde hace algunos días, por ejemplo, como resultado de las protestas en México debido al gasolinazo, varias cuentas en Twitter y otros medios, se ha reportado, han producido una pletora de información falsa; noticias alarmistas. El propósito de estas personas, además de causar caos, no es claro aún. Muchos aseguran que es el mismo gobierno quien está produciendo estas noticias falsas. Eso también es un tema para otra ocasión. Más recientemente, han habido algunos ataques y conflictos armados en Cancún y sus alrededores. Nuevamente, una serie de noticias falsas ha aparecido en las redes sociales. ¿El propósito? Además de causar miedo y confusión, repito, no es claro.

Además de aprender a pensar, leer, dar me gusta y compartir de forma más crítica lo que vemos en las redes, una lección muy importante que podemos aprender de este tema es la objetividad de la verdad. Vivimos en una edad en la que se nos ha inculcado hasta el cansancio que la verdad es relativa. Se nos ha enseñado en las noticias, la tele, el sistema educativo, la sociedad, el arte, la política, la religión y todo medio imaginable, que cualquier persona que clame conocer la verdad es intolerante, delusiva, loca, fanática, de mente cerrada y cualquier otro término peyorativo que se te pueda ocurrir.

El sistema, irónicamente, se ha encargado de hacernos creer que la única verdad absoluta es que la verdad absoluta no existe.

No se puede saber la verdad de forma objetiva, afirma la sociedad de nuestra era. Lo que es cierto para ti no es necesariamente cierto para mí, es el espíritu de este mundo. La verdad, dice el sistema, es relativa.
La paradoja de esta problemática es que los mismos proponentes que tanto se han esforzado para destruir la noción de una verdad absoluta, están ahora abogando a favor de la información verdadera. Esto es algo bueno, por supuesto. El hecho de que México haya sido aterrorizado por el flujo de noticias falsas en la nube es perturbador ya que esto causa una psicosis que resulta en miedo, ansiedad, y enojo, entre otras emociones. Es con toda razón que algunos usuarios de las redes sociales y otros medios más serios están advirtiendo a las personas sobre las noticias falsas. Es entendible y commendable que se esté buscando la difusión de una verdad absoluta. Igualmente admirable es el intento de detener la propagación de información falsa.

La lección para nosotros, por supuesto, es que situaciones como la que vivimos en México estos días, deben incitarnos, por lo menos, a reconsiderar la noción de que la verdad absoluta no existe. A través de estos eventos, se ha demostrado claramente que se puede llegar a la verdad, y no solo eso sino que es imprescindible buscar la verdad objetiva. Como lo dije anteriormente, la información falsa tiene consecuencias reales. Yo, por ejemplo, puedo asegurar que soy una niña de 5 años (cuando en realidad soy un hombre de veintitantos) y aferrarme a la idea de que debo de ser aceptado en una guardería. Si tus hijos e hijas estuvieran en esa guardería, ¿aceptarías mi verdad relativa de que soy una niña de 5 años? ¡Por supuesto que no! Lo medios que reportaron y denunciaron la aparición de noticias falsas en el internet lo hicieron porque saben que la información falsa tiene consecuencias, que la verdad absoluta es importante, que de no haber salido la verdad a la luz, las marchas, que muchos de ellos abogan, hubieran sido detenidas. ¿Por qué, entonces, continuamos negando la objetividad de la verdad? Lamentablemente, nuestra sociedad es incongruente. Todo el mundo, por más que lo niegue, demuestra una creencia pragmática en la verdad absoluta –la verdad es objetiva solo cuando me conviene.

¿Cuál es mi propósito con todo este rollo? Tengo dos exhortaciones, de las cuales ya comenzé a desarrollar una. Esta es:

quiero desafiar la noción de que la verdad absoluta no existe. Te animo a reconsiderar tu filosofía entera de que la verdad es relativa.

Piénsalo de forma pragmática. Si la verdad fuera realmente relativa, (see what I did there?), nuestro mundo sería un caos total. Interesantemente, entre más se promueve la noción de una verdad relativa, más caótico se vuelve nuestro mundo. Por otro lado, entre más verdad absoluta existe, el mundo y la sociedad que en el subsiste prospera en todos los aspectos. Cuestiona todo lo que el sistema te ha metido en la cabeza y analiza prácticamente que pasaría si todo lo que consideras cierto en tu vida, tu identidad, nacionalidad, genero, fe, familia, ideologías políticas, el aparato con el que estás leyendo esto, el software, los componentes químicos del aire que respiras, la teoría de la gravedad, tu edad, tu especie, etc. fuera relativo. Locura total, ¿no es así?

Mi segunda exhortación es más invasiva, pero, desproporcionalmente, mucho más importante y trascendente que la primera.

Te exhorto a considerar y a abrazar una cosmovisión que es objetiva y verdadera.

Quiero compartir brevemente la cosmovisión que, sé con certeza, es la verdad absoluta: Este mundo, humanos incluidos, fuimos creados por un ser superior. Este ser es un ser personal y relacional. De hecho, él nos creó para que viviéramos en comunión con él, a pesar de que él mismo no necesita de nosotros. Por nuestra propia necedad y orgullo, la humanidad decidió abandonar esa comunión que tenía con Dios; el creador del universo. Nosotros buscamos convertirnos en nuestros propios dioses. En un momento en la historia, Dios mando a un hombre, que vivió una vida perfecta; un hombre que tenía una relación perfecta e ininterrumpida con él. Este hombre clamó ser el hijo de Dios; y clamó, también, ser Dios mismo. Su nombre es Jesús. Durante su tiempo en este mundo, vivió una vida ejemplar, y predicó un mensaje trascendente de reconciliación con Dios para la humanidad. Lamentablemente la humanidad desechó su mensaje y lo mató. Jesús no permaneció muerto. Al tercer día resucitó y después de algunos días ascendió a la presencia de su Padre. Su muerte no fue en vano. Su muerte proporcionó la reconciliación con Dios que tanto necesitábamos. El hecho de que decidimos desechar a Dios nos convirtió automáticamente en sus enemigos. Pero Dios desea una relación con nosotros de tal modo que el mismo proveyó los términos para la restauración de esa relación; la vida misma de su propio hijo. Esta verdad no es relativa. Jesús mismo dijo, “yo soy el camino, la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre si no por mí.” La única forma de restaurar nuestra comunión con Dios es por medio de una relación con Jesús.

El eterno propósito de la humanidad, desde antes de la fundación del mundo, ha sido disfrutar una comunión perfecta con Dios su creador. La única forma de lograr esta comunión es por medio de la fe en Jesús el hijo de Dios.

Es por eso que yo vivo buscando constantemente tratando de estrechar mi unión con el hijo de Dios; Jesús. Te ánimo a que hagas lo mismo. Esta es la verdad. Puedes creer lo que quieras. Pero el echo de que lo creas, por más sincera que sea tu fe, no lo hace verdad.
C. S. Lewis, un pensador y escritor reconocido presentó una lógica que te puede ayudar a decidir si aceptas esto como verdad o no. Él propuso que tenemos tres opciones distintas en nuestra opinion de quién es Jesús. (1) Él es un lunático, (2) un mentiroso, o (3) el Señor (Dios mismo) (en inglés es más perspicaz su afirmación ya que las palabras son, ‘lunatic,’ ‘liar,’ y ‘Lord.’) Si consideras a Jesús un lunático, puedes desechar todas sus declaraciones. A final de cuentas, si yo declarara que soy el hijo de Dios y que solo yo te puedo salvar, me podrías considerar un loco. La otra opción es que si no estoy loco; si estoy cien por ciento cuerdo, entonces soy un mentiroso. Nadie, en su sano juicio podría hacer declaraciones como las que Jesús hizo a menos que sea un mentiroso o que lo que dijo sea cierto. La última opción, sin embargo, es la más increíble y difícil de aceptar. Si Jesús no estaba loco, y no era un mentiroso, nuestra única opción es creer que él es realmente quien dice ser; el hijo de Dios, y Dios mismo. De acuerdo a la Biblia, está es la verdad. Si decides rechazarla, por lo menos espero que puedas reconsiderar la noción falsa de que la verdad es relativa. Incluso este sería un gran paso hacia adelante.

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