Todas las entradas por Ben Jiménez

Ben Jiménez is a follower of Jesus. He is married to Elena, and is father of Marcus Xavier. He is a member and part of the staff at Kaleo Grays Harbor in Aberdeen WA. He is also an ESL teacher at Grays Harbor College. Ben was born and raised in Mexico City. He moved to Dubuque, IA to attend Emmaus Bible College, where he met his wife and got an undergrad degree. While in Iowa, he was part of Galena Bible Church in Illinois where he served leading a Bible study for Spanish speakers. Upon graduation, he was invited to Aberdeen to join the bilingual work at Kaleo.

Ven Jesús muy esperado – Adviento

No se necesita ser muy perspicaz para notar que algo está terriblemente mal con nuestro mundo. Navegar Facebook, Twitter o las noticias solo hace más obvia esta realidad. Actos de violencia oprobiosos son realizados por las personas que, se supone, son líderes, por las personas que admiramos (o que admirábamos), por las personas que deberían ser un ejemplo para nuestra sociedad. Este fenómeno no está limitado a un solo país o región. El mundo entero esta en desesperanza. Gobiernos corruptos, injusticia, desastres, pobreza, genocidio, terrorismo, son solo algunas de las cosas que atribulan a las naciones.

La situación solo empeora cuando agregamos nuestro sufrimiento personal y nuestras luchas a los ya graves problemas del mundo. La injusticia es suficientemente mala a un nivel internacional y masivo, pero se hace más palpable cuando nosotros mismos somos las víctimas de la injusticia. La enfermedad a nivel mundial es horrible, pero realmente nos pega cuando somos nosotros o algún miembro de nuestra familia los que reciben el diagnóstico de que el cancer es positivo.

Uno, sin embargo, debe de ser mucho más perspicaz para reconocer que muchos de estos males son autoinfligidos. Necesitamos muchísima perspicacia y humildad para reconocer que aparte de la misericordia de Dios, somos parte del problema, que hemos traído este sufrimiento multifacético sobre nosotros mismos.

Isaías 59

De muchas formas, nuestra situación actual es similar a la del pueblo de Israel (y del mundo) cuando Isaías 59 fue escrito. Te animo a que leas la primera sección de Isaías 59; del versículo 1 hasta el 15a.

¿Ya lo leíste? La situación es deprimente. Estos versículos podrían ser recitados casi palabra por palabra por cualquiera de nosotros ahora. Nos podemos identificar con este pasaje, o por lo menos yo, me puedo identificar con él. La cumbre de esta terrible situación es expresada vívidamente en los versículos 9-11:

“Por tanto el derecho está lejos de nosotros,
y no nos alcanza la justicia;
esperamos luz, y he aquí tinieblas,
claridad, pero andamos en oscuridad.
Vamos palpando la pared como ciegos,
y andamos a tientas como los que no tienen ojos;
tropezamos al mediodía como al anochecer,
entre los robustos somos como muertos.
Todos nosotros gruñimos como osos,
y gemimos tristemente como palomas;
esperamos la justicia, pero no la hay,
la salvación, pero está lejos de nosotros.”

La razón de estas nefastas circunstancias es explicada directamente en los versículos 2 y 12; “Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro de vosotros para no escucharos… ” “Porque se han multiplicado nuestras transgresiones delante de ti, y nuestros pecados testifican contra nosotros… ” Los pecados del pueblo, y básicamente los pecados del mundo, causaron una separación entre Dios y ellos. De la misma forma, todo lo que está mal en este mundo, es el resultado directo o indirecto de nuestra rebelión colectiva e individual en contra de Dios. 

Hay Esperanza

Mi esposa y yo estábamos leyendo este pasaje simultáneamente en nuestras propias Biblias. Por algún motivo, ella tuvo que tomar una pausa. Después de que terminó de hacer lo que tenía que hacer le pregunté que tal lejos había llegado en su lectura. Ella sólo había llegado hasta el versículo 13. Inmediatamente le insté a que terminara el capítulo completo. Los versículos 1-15a no tienen nada de esperanza. Estarías deprimido el resto del día si no terminaras el capítulo. Mi esposa me lo agradeció después de haber leído los versículos 15b-21. Te animo a que tú también leas esos versículos.

¿Los leíste? Son una imagen llena de esperanza. Dios ve que no hay nadie que traiga justicia, no hay ningún hombre que pueda traer salvación, la humanidad no tiene esperanza. Pero en lugar de decir: “Ni modo, ellos trajeron desgracia sobre sí mismos, se lo merecen,” él promete que se arremangará (una figura de que está listo para poner manos a la obra. cf. Isa 52:10) y por medio de su propio brazo; él mismo traerá la salvación que la gente tan desesperadamente necesita. Él traerá la justicia que tanto faltaba, él traerá redención “a los que en Jacob se aparten de la transgresión” (v. 20). Con razón el remanente fiel de Israel esperaba tan ansiosamente al redentor que había de venir.

Ven Jesús muy Esperado

El himno navideño de Charles Wesley (el cuál es mi favorito), Ven Jesús muy esperado, captura de forma magnífica el sentimiento que el remanente de Israel debió haber tenido cuando ellos leían pasajes como Isaías 59, así como la plétora de pasajes que profetizan la venida del esperado redentor. Lee cuidadosamente este hermoso himno.

Ven, Jesús muy esperado,
Ven, y quita de tu grey
Sus temores y pecados,
Pues tú eres nuestro Rey.
Eres fuerza y alegría,
De la tierra de Israel;
Y esperanza para aquellos,
Que te esperan con gran fe.

Naces para bien de todos;
Aunque niño, eres Dios;
Naces para hacernos buenos;
Oh Jesús, ven pronto hoy.
Con tu Espíritu divino
Reina en todo corazón,
Y tu gracia nos conduzca
A tu trono de esplendor.

Una Diferencia Esencial

Mencioné anteriormente que nos podemos identificar con la terrible situación de Israel y del mundo antes de la venida del redentor. Nuestra situación es muy similar a la de los israelitas en aquel tiempo. Existe, no obstante, una diferencia esencial entre su situación y la nuestra. El redentor esperado ya ha venido. Dios ya se arremangó y trajo salvación en su Hijo Jesús, el Cristo. Jesús es Dios poniendo “la justicia como coraza, y el yelmo de salvación en su cabeza” (v. 17).  Jesús vino, tal como Isaias y todo el Antiguo Testamento predijeron, y trajo redención al pueblo de Dios.

En un sentido, como el remanente de Israel, todavía cantamos; ven Jesús muy esperado, pero a diferencia de ellos, tenemos la certeza de que él ya vino una vez, y comenzó el trabajo de redención que él mismo culminará cuando venga por segunda vez. Él ya ha venido a liberar a su pueblo, y aún así seguimos esperando ser completamente liberados de la injusticia de este mundo, liberados de nuestros temores y pecados, nuestros sufrimientos y luchas. Podemos hallar nuestra fuerza y alegría en él incluso ahora. Él ya reina en nuestros corazones con su Espíritu divino. Por su propio mérito y por su gracia nos conduce al trono de esplendor donde intercede por nosotros.

De cara a lo caído de nuestro mundo, necesitamos cantar, y no solo cantar sino creer de todo corazón, y vivir a la luz de himnos como el villancico de Wesley. Necesitamos orar: Ven, Señor Jesús. Ven a liberar a este mundo, ven a quitar de este mundo nuestros temores y pecados. Tú eres la esperanza para nosotros que te esperamos con gran fe.

Mortifica a la lujuria con el amor

Amor o Lujuria?

En algún momento se me ocurrió que un hombre que siente lujuria por las mujeres¹ probablemente se excusaría, o por lo menos razonaría que él siente lujuria por ellas porque ama mucho a las mujeres. ¿Verdad? ¿Acaso no la Biblia misma dice que Amnón violó a Tamar por que la amaba? Incluso la LXX (traducción griega del Antiguo Testamento) usa el famoso y malinterpretado verbo agapeo para referirse al tipo de amor que Amnón sentía por Tamar.²
Permíteme sugerir, que el amor que un hombre tiene por una mujer que no es su esposa no es amor en lo absoluto. ¡Más bien es idolatría! ¡Es pecado! La idolatría es amar,  y buscar satisfacción y seguridad en alguien o algo que no es Dios. La idolatría es adorar a lo creado antes que al Creador. La Biblia tiene un nombre para este tipo de idolatría; lujuria.
Es irónico que alguien que ve pornografía, tiene una aventura, mira a las mujeres de forma inapropiada, o tiene fantasias con ellas en su corazón, no lo hace porque ama a las mujeres demasiado. Más bien lo hace porque siente lujuria por ellas. En otras palabras, un hombre que siente lujuria por las mujeres, no ama a las mujeres demasiado, más bien no ama a las mujeres para nada. (Técnicamente las ama pero con el tipo de amor que la Biblia condena y por lo tanto este amor pasa a ser idolatría y lujuria. cf. 1 Juan 2:15)
Mi meta en este artículo no es darte una receta que te ayudará a vencer la lujuria de una vez por todas. Me gustaría poder hacerlo, pero sé que la lujuria, como cualquier otro pecado, es un problema profundo que requiere mucho más que una simple solución humana. Es por eso que quiero apuntarte hacia la gracia de Dios; Jesús. Solo él es capaz de liberarte de esta tormenta. Y la noticia más grande es que, si crees en él, él ya te está librando, incluso en este momento mientras lees este artículo. Sin embargo, si quiero ofrecer ciertos pensamientos frescos y prácticos (eso espero) para ayudarte en este largo proceso de vencer a la lujuria.

¿La mortificación es un concepto positivo?

Muchos, como yo pensaba, creen que la mortificación del pecado (matar al pecado) es un concepto exclusivamente negativo (deja de ver ciertas imágenes, mata al viejo hombre, etc.) La mortificación, sin embargo, también es un concepto positivo producido por el Espíritu Santo. La mortificación del pecado significa vestirnos del nuevo hombre tanto como desvestirnos del viejo hombre. La mortificación es vestirnos del Señor Jesucristo tanto como matar de hambre a la carne y sus deseos. La mortificación implica presentar nuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia tanto como implica no presentar nuestros miembros al pecado como instrumentos de injusticia. La mortificación del pecado es un concepto positivo tanto como es un concepto negativo.
Es en estos términos que quiero abordar el tema de la lujuria en este post. Por lo tanto, para poder mortificar a la lujuria, debes enfocarte en los pasos positivos de la mortificación tanto como, o incluso más que en los pasos negativos. No puedes vencer a la lujuria simplemente forzándote a dejar de ver porno, o deshaciéndote de tu teléfono o de tu computadora. Para matar a la lujuria tienes que sustituir a esa lujuria por su equivalente positivo; el amor.

Mortifica a la lujuria con el amor

Aquí está el meollo del asunto. Si lo opuesto a la lujuria es el amor, entonces sigue que puedes mortificar a la lujuria con el amor. No obstante, no sigue que la solución a tu problema de lujuria es amar a las mujeres en lugar de desearlas. Eso es ciertamente un resultado de la verdadera solución pero no es la solución misma. El tipo de amor del que estoy hablando tiene un objeto diferente y una fuente específica.

El amor de Cristo

Este amor, su fuente, su objeto, y su resultado son expuestos por Pablo en una de mis declaraciones favoritas que se encuentra en su segunda carta a la iglesia de Corinto. Él está explicándoles porque es que él y sus co-ministros hacen lo que hacen, y se comportan de la forma en la que se comportan. Básicamente les está presentando una apología de su estilo de vida. Su explicación es esta: “Pues el amor de Cristo nos apremia (nos controla), habiendo llegado a esta conclusión: que Uno murió por todos, y por consiguiente, todos murieron.  Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquél que murió y resucitó por ellos” (5:14-15). Este era el eslogan de Pablo. Él vivía de esa forma por lo que Cristo había hecho por él y por todos. El amor de Cristo por él era lo que lo controlaba. Pablo no tenia otra opción más que vivir para Cristo a causa del amor que Cristo le había mostrado.
Este concepto es desarrollado más a fondo por el Apóstol del amor; Juan. Después de una detallada exhortación a amar a los hermanos, Juan pausa por un segundo y define el amor: “En esto conocemos el amor: en que [Jesús] puso Su vida por nosotros. También nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3:16). Unos versículos más adelante Juan continua desarrollando el mismo concepto: “En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a Su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él” (4:9).
Para que quede claro: el amor que Dios nos dio al mandar a su hijo Jesús a vivir una vida perfecta, morir por nosotros, y resucitar de los muertos, haciendo posible nuestra justificación y eventualmente nuestra resurrección junto con él, es la solución final a tu problema de lujuria, y a cualquier otro pecado, y a todo lo que está mal en este mundo. No es tu amor por Dios el que finalmente te liberará de tu pecado (aunque tu amor por Dios es parte del proceso), sino que es el amor de Dios por ti, en Cristo, el que transformará la forma en la que vives, y la forma en la que tratas, ves, y piensas a las mujeres (cf. 1 Juan 4:10).
No se requiere de más reglas y compromisos, se requiere de una experiencia del amor de Dios para luchar contra la lujuria  y vencerla. Deja de contar los días que has pasado sin ver pornografía, mejor recuerda que no importa cuantas veces has caído, Dios te ha perdonado porque el te ama de tal forma que mandó a su Hijo a tomar el castigo por cada una de esas veces que caíste y aun por las caídas que tendrás en el futuro.
Conocer el amor que Dios tiene por ti en Cristo, por su Espíritu, es realmente lo que te ayudará a luchar contra la lujuria. Puede que caigas nuevamente, puede que veas con lujuria a una mujer otra vez. Incluso puede que a veces la veas por un hábito subconsciente. Pero nada te motivará a arrepentirte, confesar, superar esa horrible sensación de culpa que dura días, experimentar la gracia de Dios y su perdón nuevamente, y levantarte nuevamente listo para luchar la siguiente batalla, como el amor que Cristo ha mostrado por ti lo hará.
Mortifica a la lujuria con el amor; con el amor de Cristo.

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Lee la Palabra: Éxodo

Recientemente, en nuestra iglesia, concluimos una serie expositiva del libro de Éxodo. ¡Que gran libro! No imaginé que lo disfrutaría tanto. Me dan ganas de regresar en el tiempo y dedicar más domingos a este libro tan elegante, profundo, y bello.

Por mientras, compartiré algo de lo que aprendí de esta obra maestra con el propósito de animar a otros creyentes (y no creyentes) a leerla, estudiarla, meditarla, memorizarla, masticarla, escarbarla, devorarla, etc. Lo que sea necesario para que el Espíritu Santo transforme y domine tu corazón con su perenne palabra.

La importancia de Éxodo

Éxodo es un libro indispensable para entender el drama completo de la redención que Dios ha revelado en la Biblia. En este libro varios temas e ideas fundamentales que continuaran apareciendo en toda la Biblia son introducidos. El nombre personal de Dios, ‘Yahweh’ es presentado en esta obra por primera vez cuando Dios le habla a Moises en la montaña por medio de la zarza ardiente. Otras ideas y palabras tales como ‘salvación,’ ‘el decálogo’ (los diez mandamientos), etc. tiene su debut en el segundo libro de Moisés.

Redención

El termino ‘redención,’ y la definición del mismo, aparecen por primera vez en Éxodo. De hecho, la historia de la redención del pueblo de Israel en Éxodo es un predecesor de la, más grande e importante, historia de la redención de la humanidad que es narrada a lo largo de toda la Biblia.

Permíteme explicar a que me refiero con la afirmación anterior. En Éxodo tenemos una especie de paradigma de la redención. Podríamos resumir la historia del libro de la siguiente manera: Un grupo de personas que Dios había escogido estaba bajo el yugo de esclavitud. Dios mandó a un redentor que él preparó para rescatar a su pueblo. Un cordero fue inmolado y el pueblo se refugió bajo la sangre de este para escapar de la ira de Dios y del juicio que la presencia de Yahweh traía consigo. Después de haberlos redimido con su poderosa mano, Dios los llevó a un monte donde por medio de un mediador, les dio instrucciones sobre como vivir ahora que él iba a habitar en medio de ellos para que ellos pudieran vivir a salvo con la presencia de Dios entre ellos. Por cierto, Dios redimió a su pueblo con el propósito de habitar en medio de ellos. Dios les prometió que les daría una herencia donde Dios habitaría entre ellos para siempre. Por mientras ellos tenían una tienda donde la presencia de Dios estaba provisionalmente con ellos poderosamente.

Nuestra redención

¿Te das cuenta de que esta historia podría ser aplicada a la historia de nuestra salvación casi palabra por palabra? Esto es a lo que me refiero cuando digo que la historia de Éxodo es una especie de prototipo de la redención. Esto, no obstante, no debe resultar en comparar cada aspecto de nuestra salvación con la salvación del pueblo de Israel en el libro de Éxodo. Este es un libro histórico que narra un suceso específico en un momento específico de un grupo específico. La palabra de Dios, sin embargo, es una historia completa. No podemos tomar un libro por sí mismo y separarlo completamente del bosque completo que es la Biblia para estudiarlo como si fuera un árbol independiente. Los autores bíblicos, directa e indirectamente, hacen referencia al libro de Éxodo una y otra vez. Mateo deliberadamente compara la vida de Jesús a los acontecimiento del Éxodo. Lucas lo hace de forma más discreta. El autor de Hebreos no duda un segundo en aplicar todo el pentateuco, Éxodo incluido, a lo largo de su epístola. Pablo hace referencia a varios acontecimientos del Éxodo y los aplica directamente a la vida de todos los creyentes. Pero, como dije algunas lineas atrás, la historia de la redención del pueblo de Israel es un prototipo de la historia de la redención en toda la Biblia. En el drama de la redención, desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios escogió a un pueblo, mandó a su propio hijo Jesús para ser el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Él murió en una cruz y con su sangre cubrió a los escogidos de Dios de su juicio. Jesús además funge como mediador entre Dios y los hombres. El propósito de esta redención es que Dios habite en medio de su pueblo, el cual es la iglesia. Los escogidos, además, tenemos la promesa de Dios de una herencia donde habitaremos con Dios por la eternidad. Aun no hemos recibido esa herencia, pero Dios ya habita con sus escogidos por medio de su Espíritu Santo en el tabernáculo que es su iglesia. ¿Te das cuenta de la riqueza del libro de Éxodo y su aportación a la historia de la redención de toda la Biblia?

División del libro

El libro de Éxodo puede ser dividido en tres partes generales: (1) Redención. Esto es el éxodo propio (cuando Yahweh redime a su pueblo de su esclavitud en Egipto). (2) El pacto (cuando Yahweh hace un pacto con su pueblo en el Monte Sinaí, donde por medio de Moisés les da la ley). Y (3) La presencia. Esto se refiere a cuando Dios le da instrucciones a Moisés sobre como debe de ser construido el tabernáculo para que Dios pueda habitar en medio de su pueblo. Esta última sección es la más larga del libro. Para algunos también es la más aburrida. Sin embargo cuando nos percatamos de la tremenda importancia de estas instrucciones, el aburrimiento pasa a segundo plano y comenzamos a disfrutar las instrucciones tan intrínsecas de la construcción de esta tienda. Un ejercicio que debe ser practicado con precaución y con una exégesis disciplinada es el de comparar el tabernáculo con la iglesia. Existen muchas similitudes entre el tabernáculo y la iglesia.

Al igual que cada libro de la Biblia, el propósito principal del libro de Éxodo es poner nuestra mirada en Jesus, el autor y consumador de la fe, el único mediador entre Dios y los hombres, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, nuestro sumo sacerdote, el tabernáculo mismo, el sacrificio perfecto y final, Yahweh mismo. Te animo a que te sumerjas en esta obra maestra haciendo uso de todas tus herramientas teológicas, pero sin olvidar que estudiamos la Biblia no para dominarla sino para que por medio de ella, Dios nos domine a nosotros, y sin olvidar que la ley y los profetas hablan de Jesús. Búscalo a él, el cordero de Dios.

¿Después de la información falsa en las redes, todavía crees que la verdad es relativa?

Estamos experimentando un fenómeno muy interesante en nuestras redes sociales. (El efecto de las redes sociales no está limitado al mundo cibernético. Todo lo que sucede en el mundo binario tiene efectos reales en el mundo físico y espiritual. Pero esa es otra historia). El fenómeno que estamos atestiguando es el de la información falsa o las noticias falsas en las redes sociales. Desde hace algunos días, por ejemplo, como resultado de las protestas en México debido al gasolinazo, varias cuentas en Twitter y otros medios, se ha reportado, han producido una pletora de información falsa; noticias alarmistas. El propósito de estas personas, además de causar caos, no es claro aún. Muchos aseguran que es el mismo gobierno quien está produciendo estas noticias falsas. Eso también es un tema para otra ocasión. Más recientemente, han habido algunos ataques y conflictos armados en Cancún y sus alrededores. Nuevamente, una serie de noticias falsas ha aparecido en las redes sociales. ¿El propósito? Además de causar miedo y confusión, repito, no es claro.

Además de aprender a pensar, leer, dar me gusta y compartir de forma más crítica lo que vemos en las redes, una lección muy importante que podemos aprender de este tema es la objetividad de la verdad. Vivimos en una edad en la que se nos ha inculcado hasta el cansancio que la verdad es relativa. Se nos ha enseñado en las noticias, la tele, el sistema educativo, la sociedad, el arte, la política, la religión y todo medio imaginable, que cualquier persona que clame conocer la verdad es intolerante, delusiva, loca, fanática, de mente cerrada y cualquier otro término peyorativo que se te pueda ocurrir.

El sistema, irónicamente, se ha encargado de hacernos creer que la única verdad absoluta es que la verdad absoluta no existe.

No se puede saber la verdad de forma objetiva, afirma la sociedad de nuestra era. Lo que es cierto para ti no es necesariamente cierto para mí, es el espíritu de este mundo. La verdad, dice el sistema, es relativa.
La paradoja de esta problemática es que los mismos proponentes que tanto se han esforzado para destruir la noción de una verdad absoluta, están ahora abogando a favor de la información verdadera. Esto es algo bueno, por supuesto. El hecho de que México haya sido aterrorizado por el flujo de noticias falsas en la nube es perturbador ya que esto causa una psicosis que resulta en miedo, ansiedad, y enojo, entre otras emociones. Es con toda razón que algunos usuarios de las redes sociales y otros medios más serios están advirtiendo a las personas sobre las noticias falsas. Es entendible y commendable que se esté buscando la difusión de una verdad absoluta. Igualmente admirable es el intento de detener la propagación de información falsa.

La lección para nosotros, por supuesto, es que situaciones como la que vivimos en México estos días, deben incitarnos, por lo menos, a reconsiderar la noción de que la verdad absoluta no existe. A través de estos eventos, se ha demostrado claramente que se puede llegar a la verdad, y no solo eso sino que es imprescindible buscar la verdad objetiva. Como lo dije anteriormente, la información falsa tiene consecuencias reales. Yo, por ejemplo, puedo asegurar que soy una niña de 5 años (cuando en realidad soy un hombre de veintitantos) y aferrarme a la idea de que debo de ser aceptado en una guardería. Si tus hijos e hijas estuvieran en esa guardería, ¿aceptarías mi verdad relativa de que soy una niña de 5 años? ¡Por supuesto que no! Lo medios que reportaron y denunciaron la aparición de noticias falsas en el internet lo hicieron porque saben que la información falsa tiene consecuencias, que la verdad absoluta es importante, que de no haber salido la verdad a la luz, las marchas, que muchos de ellos abogan, hubieran sido detenidas. ¿Por qué, entonces, continuamos negando la objetividad de la verdad? Lamentablemente, nuestra sociedad es incongruente. Todo el mundo, por más que lo niegue, demuestra una creencia pragmática en la verdad absoluta –la verdad es objetiva solo cuando me conviene.

¿Cuál es mi propósito con todo este rollo? Tengo dos exhortaciones, de las cuales ya comenzé a desarrollar una. Esta es:

quiero desafiar la noción de que la verdad absoluta no existe. Te animo a reconsiderar tu filosofía entera de que la verdad es relativa.

Piénsalo de forma pragmática. Si la verdad fuera realmente relativa, (see what I did there?), nuestro mundo sería un caos total. Interesantemente, entre más se promueve la noción de una verdad relativa, más caótico se vuelve nuestro mundo. Por otro lado, entre más verdad absoluta existe, el mundo y la sociedad que en el subsiste prospera en todos los aspectos. Cuestiona todo lo que el sistema te ha metido en la cabeza y analiza prácticamente que pasaría si todo lo que consideras cierto en tu vida, tu identidad, nacionalidad, genero, fe, familia, ideologías políticas, el aparato con el que estás leyendo esto, el software, los componentes químicos del aire que respiras, la teoría de la gravedad, tu edad, tu especie, etc. fuera relativo. Locura total, ¿no es así?

Mi segunda exhortación es más invasiva, pero, desproporcionalmente, mucho más importante y trascendente que la primera.

Te exhorto a considerar y a abrazar una cosmovisión que es objetiva y verdadera.

Quiero compartir brevemente la cosmovisión que, sé con certeza, es la verdad absoluta: Este mundo, humanos incluidos, fuimos creados por un ser superior. Este ser es un ser personal y relacional. De hecho, él nos creó para que viviéramos en comunión con él, a pesar de que él mismo no necesita de nosotros. Por nuestra propia necedad y orgullo, la humanidad decidió abandonar esa comunión que tenía con Dios; el creador del universo. Nosotros buscamos convertirnos en nuestros propios dioses. En un momento en la historia, Dios mando a un hombre, que vivió una vida perfecta; un hombre que tenía una relación perfecta e ininterrumpida con él. Este hombre clamó ser el hijo de Dios; y clamó, también, ser Dios mismo. Su nombre es Jesús. Durante su tiempo en este mundo, vivió una vida ejemplar, y predicó un mensaje trascendente de reconciliación con Dios para la humanidad. Lamentablemente la humanidad desechó su mensaje y lo mató. Jesús no permaneció muerto. Al tercer día resucitó y después de algunos días ascendió a la presencia de su Padre. Su muerte no fue en vano. Su muerte proporcionó la reconciliación con Dios que tanto necesitábamos. El hecho de que decidimos desechar a Dios nos convirtió automáticamente en sus enemigos. Pero Dios desea una relación con nosotros de tal modo que el mismo proveyó los términos para la restauración de esa relación; la vida misma de su propio hijo. Esta verdad no es relativa. Jesús mismo dijo, “yo soy el camino, la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre si no por mí.” La única forma de restaurar nuestra comunión con Dios es por medio de una relación con Jesús.

El eterno propósito de la humanidad, desde antes de la fundación del mundo, ha sido disfrutar una comunión perfecta con Dios su creador. La única forma de lograr esta comunión es por medio de la fe en Jesús el hijo de Dios.

Es por eso que yo vivo buscando constantemente tratando de estrechar mi unión con el hijo de Dios; Jesús. Te ánimo a que hagas lo mismo. Esta es la verdad. Puedes creer lo que quieras. Pero el echo de que lo creas, por más sincera que sea tu fe, no lo hace verdad.
C. S. Lewis, un pensador y escritor reconocido presentó una lógica que te puede ayudar a decidir si aceptas esto como verdad o no. Él propuso que tenemos tres opciones distintas en nuestra opinion de quién es Jesús. (1) Él es un lunático, (2) un mentiroso, o (3) el Señor (Dios mismo) (en inglés es más perspicaz su afirmación ya que las palabras son, ‘lunatic,’ ‘liar,’ y ‘Lord.’) Si consideras a Jesús un lunático, puedes desechar todas sus declaraciones. A final de cuentas, si yo declarara que soy el hijo de Dios y que solo yo te puedo salvar, me podrías considerar un loco. La otra opción es que si no estoy loco; si estoy cien por ciento cuerdo, entonces soy un mentiroso. Nadie, en su sano juicio podría hacer declaraciones como las que Jesús hizo a menos que sea un mentiroso o que lo que dijo sea cierto. La última opción, sin embargo, es la más increíble y difícil de aceptar. Si Jesús no estaba loco, y no era un mentiroso, nuestra única opción es creer que él es realmente quien dice ser; el hijo de Dios, y Dios mismo. De acuerdo a la Biblia, está es la verdad. Si decides rechazarla, por lo menos espero que puedas reconsiderar la noción falsa de que la verdad es relativa. Incluso este sería un gran paso hacia adelante.

El cristiano y el gazolinazo

John M. Ackerman, columnista Jornada y Proceso, ofreció su opinión y análisis del gasolinazo para La Jornada hace un par de días. Aunque no estoy de acuerdo con todo lo que él dice, y dado que reconozco que su entendimiento de la situación es mucho mayor que mi limitado entendimiento, no intento responder formalmente a ninguna de sus observaciones, sino agarrarme de un par de sus declaraciones para presentar mi propia reflexión desde una perspectiva evangélica.

Él hace dos declaraciones que llamaron profundamente mi atención. (1) Al final de su columna, el dice, “Las marchas y las protestas son muy importantes como vía para expresar y desahogar la indignación ciudadana. Sin embargo, solamente funcionan para modificar políticas públicas cuando los gobernantes tienen sensibilidad social y política. Quien crea que el actual secretario de Hacienda y los comisionados de la Comisión Reguladora de Energía van a echar atrás el gasolinazo por una marcha o un boicot de unos días, seguramente también cree que los Reyes Magos en persona llevarán regalos a los niños de México este próximo viernes en la mañana. Una condición sine qua non para que los ciudadanos podamos jugar el papel protagónico que nos corresponde es el establecimiento de un gobierno participativo y popular que respete la institucionalidad democrática y escuche a su población. En otras palabras, hace falta un gobierno totalmente nuevo y diferente, un giro de 180 grados en comparación con lo que hemos vivido con Calderón y Peña Nieto. ¿Es mucho pedir?”

Tristemente, en México el gobierno no es un gobierno participativo ni popular que respete la institucionalidad democrática y escuche a su población. Un México donde esto fuera realidad es un sueño muy lindo. Mi mente no logra imaginar tal México. Mi postura, por pesimista que sea, no llega al punto del fatalismo o la resignación. Los mexicanos debemos buscar un gobierno bueno, que nos beneficie a todos. (La sugerencia que Ackerman parece ofrecer es AMLO. Dudo mucho que Obrador sea la respuesta).

¿Cuál debería ser entonces nuestra postura como mexicanos? Y más importantemente, ¿Cuál debería ser nuestra postura como mexicanos cristianos? Claramente, como Ackerman indica, las protestas y marchas no son efectivas para mover a un gobierno como el de México. No es necesariamente pecaminoso manifestarse, ya que la expresión libre es, en teoría, un derecho en nuestra nación. Sin embargo, parece ser que en nuestro país, manifestaciones y protestas equivalen virtualmente al vandalismo, los insultos, los excesos. La experiencia nos enseña que la mayoría de las manifestaciones en México no son pacificas, civiles, ni informadas, sino que a menudo estas son ocaciones para el desenfreno y la anarquía.

Si tú como cristiano estás en desacuerdo con el gobierno, es tu derecho como ciudadano de los Estados Unidos Mexicanos el expresarte libremente, pero es tu obligación como ciudadano del reino de Dios, el no hablar palabras ofensivas, insultos, maldiciones, etc. Entonces, si tienes la oportunidad de manifestarte pacífica y civilmente, puedes hacerlo. Esto está, en teoría, bajo la ley, y por lo tanto tu expresión de desacuerdo no viola los principios que el apóstol Pablo establece en Romanos 13.

Sin embargo, la Biblia tiene bastantes advertencias para las personas que son prontas para hablar, y para los que juzgan. Si tu opinión no está bien informada, o si tu opinión es de naturaleza juiciosa, asegúrate de que la viga en tu ojo ha sido quitada, de lo contrario, te es mejor delante de Dios abstenerte de impartir juicio.

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Vota Informado

Una forma práctica de tener un gobierno mejor es involucrarse más en la política del país de una forma más informada. Muchos mexicanos, vergonzosamente, siguen votando por sus representantes basados en su apariencia física o su partido político, y al mismo tiempo ignoran completamente las políticas, iniciativas, credenciales, educación, principios, etc. del candidato.

Se un buen mayordomo

Si la gasolina subió de precio y el salario mínimo sigue igual de miserable, es un buen momento para aprender a usar los recursos que Dios nos da de forma más eficiente, y de forma que le de la mayor cantidad de gloria a Dios. No es congruente quejarse del aumento de la gasolina y al mismo tiempo malgastar el dinero en cafés extranjeros que cobran como si todavía estuvieran en Seattle, o en ropa de marca, iPhones, y pantallas más grandes que el muro de tu sala (Tampoco vayas a saquear el Chedraui y sacar unas pantallas). No es congruente quejarse del gasolinazo y aun así continuar usando el carro para transportarse tres cuadras. Considera usar una bicicleta o caminar. Considera tener un presupuesto mensual donde tus gastos estén planeados. Considera ser generoso. Si tu hermano no tiene mucho dinero ofrécele un aventón. Si tu hermano no tiene mucho para la comida, ofrécele que venga a comer a tu casa una vez a la semana. Incluso si tú mismo no tienes mucho dinero, recuerda a los Cristianos de Macedonia que dieron de su misma pobreza. Recuerda las palabras de Pablo a los Filipenses, “Se vivir en abundancia y en necesidad.” La clave esta en tu unión con Cristo. Si estás unido a Cristo, tu contentamiento no está basado en el precio de la gasolina, sino en todas las bendiciones espirituales que son tuyas en Cristo.

Ora con acción de gracias

Pablo exhorta a los Filipenses a que no estén afanosos por nada sino que le pidan a Dios con acción de gracias. En otras palabras. Ora a Dios, y dile lo que sientes, pero no se te olvide agradecerle incluso por tu situación económica. Dios suplirá todas tus necesidades.

(2) La segunda declaración de Ackerman me dejo pensando todavía más. Él dice que, “la mejor forma de evitar un aumento en la carga fiscal no es con el suicidio del Estado, sino con la construcción de un nuevo gobierno honesto, social y autosustenable.” Es impresionante ver que John tiene su esperanza en que el gobierno de AMLO va a lograr esto. Estoy seguro de que es humanamente posible tener un buen gobierno. Existen algunos países en el mundo que aparentan tener un gobierno decente. Sin embargo, un gobierno cien por ciento honesto, social y autosustentable no puede ser logrado por el hombre. El único gobernante que es capaz de lograr esto es Jesucristo. El profeta Isaías describe a este gobernante como alguien sabio e inteligente, alguien poderoso, con conocimiento. Esto es un gobierno autosustentable. Él no juzga por lo que sus ojos ven, ni sentencia por lo que oyen sus oídos. Jesús es un gobernante honesto. Él juzga a los pobres y afligidos con justicia. Él destruye a los impíos. Él es un gobernante social que tiene un corazón verdadero para con los pobres y afligidos. Tristemente, en este mundo, todos los gobernantes, por más buenos que sean, ultimadamente buscarán sus propios intereses. Jesucristo es el único rey que vino a servir y no a ser servido. Es el único rey que se humillo hasta la muerte, y muerte de cruz.

Dios creó cada parte de ti para la adoración

Este artículo fue publicado originalmente en la página de Desiring God y el autor original es Ryan Lister. Él es profesor en el seminario teológico Western Seminary y es autor del libro The Presence of God: Its Place in the Storyline of Scripture and the Story of Our Lives.

En realidad no toma mucho.

Puede pasar cuando escuchas la canción navideña favorita de tus papas. Inmediatamente la canción te transporta fuera de tu día de trabajo estéril, de regreso a tu juventud, a una sala llena de oropel, regalos y anticipación.

O tal vez sucede cuando hueles las especias del judo de manzana moviéndose por toda la casa esta navidad, y tú esperas la memoria de tu abuelo parado en la cocina, presumiendo su receta perfecta, con su sonrisa juguetona.

Adora con los cinco sentidos

Por supuesto, las memorias no son siempre ideales. Para algunos, estas son intrusiones inoportunas a una vida en construcción. Buenas o malas, dulces o amargas, las memorias regresan cada navidad. Solo un pequeño gatillo, y todo lo que hemos amado, perdido, y atesorado parece inflamarse en nuestros corazones.

La nostalgia llega por medio de nuestros sentidos. Lo que oímos, vemos, probamos, tocamos y olemos es la tinta que usamos para escribir nuestras autobiografías mentales. No podemos escapar nuestras memorias, porque no podemos escapar nuestros sentidos, de la misma forma que no podemos escapar de nosotros mismos.

Esto es hermoso porque fuimos creados de esta forma con un propósito. Dios nos da cinco sentidos para ayudarnos a adorarle: las vistas, los olores, las texturas, y los sabores testifican de la diversidad de los regalos de Dios y de la profundidad de la adoración que Dios merece.

Pero en nuestra búsqueda de conformar nuestro corazón y mente a la imagen de Cristo, a menudo olvidamos los elementos físicos de la adoración. Cuando perdemos esta dimension, a menudo perdemos lo que significa ser enteramente humano, e irónicamente nos perdemos de una forma principal en la que Dios quiere transformar nuestro corazón y mente. Nuestro Señor consistentemente construye la adoración en torno a los sentidos.

Recuerda la Pascua

Parados al precipicio de la caótica redención de Israel, Dios le ordena a su pueblo que se siente a comer — un mandamiento que podría parecer un poco fuera de lugar y mal informado. Pero cuando vemos esta escena a la luz de la obra de teatro completa, las instrucciones de Dios son perfectas. El éxodo no solo se trata de Dios guiando a Israel fuera de Egipto; se trata de Dios guiando a Israel a una adoración para toda la vida.

La pascua es nostalgia teológica. La pascua define la experiencia de redención de toda una generación de forma tan grande que Dios ordenó una repetición de la obra cada año (Éxodo 12:14). Con cada cordero, ellos olían redención. Cuando probaban las hiervas amargas, ellos probaban la bondad de Dios. Cuando se abrochaban las sandalias, cada paso les recordaba su gracia. Cada vez que mojaban el hisopo con la sangre, estaban pintando su teología.

Recuerda el Templo

El templo es el instrumento que Dios usa para abrumar a su pueblo de adentro para afuera. Sus elementos de adoración sacuden cada uno de los sentidos físicos para meter sus propósitos en su pueblo. Dios afinó a Israel y a sus sacerdotes al tono de su presencia y alabanza por medio del sabor del Pan de la Presencia, el calor de los holocaustos, el aroma a cedro e incienso, el brillo del oro, y los ecos de las oraciones. La experiencia multi-sensorial del templo traía a la persona entera delante de la presencia y la gloria de Dios (2 Crónicas 7:1-2).

Al igual que la pascua, cada visita al templo grababa olores, toques, sabores, sonidos, e imágenes en la consciencia del adorador. Después de dejar el templo, cuando un olor o sonido familiar rompía su rutina, el adorador era jalado de vuelta a la memoria del lugar donde Dios estaba presente, donde sus pecados murieron, y donde las promesas de Dios estaban completamente expuestas.

Recuerda la encarnación

En Cristo, Dios se hizo carne y tabernaculó en medio de su pueblo (Juan 1:14). En Cristo, vemos a Dios, y simultáneamente, lo que significa ser verdaderamente humano.

Es por esto que el ministerio de Jesús invade cada parte de nostros, incluyendo nuestros sentidos. Por medio de ojos con lodo los ciegos pueden ver. Por medio de tocar su manto, él cura a los quebrantados. Por medio del sonido de una simple oración, las multitudes probaron pan y pescado si fin.

En Jesús, el que creó nuestros sentidos entró a este mundo para redimirlos. Él vino a tocar, oler, oír, ver, y probar la muerte por su pueblo para que tú y yo podamos hacer lo que fuimos creados para hacer: adorarle con cada parte de nuestro ser (Romanos 12:1).

Fuimos creados para esto. Dios nos llama a probar el Pan de Vida, a tomar el Agua Viva, a ver la Luz del mundo, a oler las ovejas de nuestro Buen Pastor, a oír su pregunta, “¿Quien dices tú que soy yo?” Fuimos creados para tocar las marcas de los clavos en sus manos y verle parado afuera de la tumba vacía (Juan 20:27).

Recuerda las Buenas Noticias

Debemos escuchar y experimentar el evangelio una y otra vez. Dios ha creado una forma de hacer esto. Jesús nos da nostalgia de un nuevo pacto en el pan y el vino de la Cena del Señor. Y por medio de las aguas del bautismo, vemos, probamos, oímos, olemos, y sentimos lo que significa pasar de muerte a vida.

Dios nos salva — redimiendo y reinterpretando nuestros sentidos también — para que podamos adorarle de forma más completa. Entonces, prueba y ve — y toca, oye, y huele — que el Señor es bueno (Salmo 34:8). Fuiste creado para esto — cada parte de ti.

Y el tabernáculo, ¿qué tiene que ver con la Navidad?

El tabernáculo tiene todo que ver con la Navidad. Para explicar esto necesitamos ir a nuestra teología bíblica. Vamos a trazar brevemente el tema de la presencia de Dios.
Para hacer esto, debemos, naturalmente, comenzar con el Huerto del Edén. Dios ha existido desde la eternidad. Él, sin embargo, cuando creó el mundo y todo lo que hay en él, incluyendo su obra maestra; los humanos, decidió hacer un santuario donde él habitaría en perfecta comunión con sus amadas criaturas; Adán y Eva. Pero ellos pecaron contra Dios y por consiguiente perdieron el derecho de estar en la presencia de Dios en perfecta comunión con él. Ellos fueron expulsados hacia el Este, fuera del santuario; el Huerto del Edén.

Muchos años después Dios escogió a un hombre llamado Abraham para llevar a cabo su plan de redención. Él lo bendijo, le prometió una gran descendencia y tierra. Le prometió que por medio de su descendencia todas las naciones del mundo serían bendecidas.
Un par de generaciones más adelante, Jacob, el nieto de Abraham fue escogido por Dios para continuar la linea de sangre de esta promesa. Providencialmente, Jacob y sus doce hijos con sus esposas fueron a vivir en Egipto.

Una vez en Egipto, Israel se convirtió en una nación numerosa. Pero Faraón, rey de Egipto, comenzó a oprimir al pueblo de Israel por 400 años . Pero finalmente Dios escogió a su siervo Moisés para sacar a su pueblo de Egipto y llevarlos a la tierra que él le había prometido a Abraham. Después de demostrar su poderosa mano contra Faraón al mandar plagas a Egipto, Dios rescató a su pueblo y los llevó rumbo a la tierra prometida. Dios llevó a su pueblo al Monte Sinaí, donde la presencia de Dios se manifestó una vez más de forma gloriosa. Su presencia era tan santa y gloriosa que el pueblo ni siquiera podía acercarse a las faldas del monte o morirían. Unicamente Moisés pudo subir. Dios le dio su ley a Moisés sobre este monte. Además, Dios le dio a Moisés instrucciones sobre un proyecto de tremenda importancia. Este proyecto es llamado el tabernáculo. Este es una tienda de campaña en la cual Dios iba a habitar entre su pueblo (cf. Éxodo 25:8). Esta tienda era literalmente el santuario de Dios. Era un nuevo Huerto del Edén donde la presencia de Dios habitaba. El tabernáculo era el medio por el cual el pueblo de Dios podía gozar de una comunión con él.

El tabernáculo y Jesús

Estoy consciente de que aún no he respondido la pregunta principal. ¿Cuál es la relación entre el tabernáculo y la navidad? Para allá vamos. Durante la Navidad celebramos el nacimiento de Jesucristo. En las palabras del Apóstol Juan, “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.” Y más adelante Juan dice, “El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” En Navidad celebramos que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. La palabra que Juan utiliza para “habitó” tiene su raíz en el sustantivo “tabernáculo” utilizado en Éxodo para referirse a la tienda donde la presencia de Dios estaba en medio de su pueblo. En otras palabras, Juan puede ser traducido literalmente, “El verbo se hizo carne y ‘tabernaculó’ entre nosotros.” El Verbo se hizo carne y puso su tienda de campaña entre nosotros.

La presencia de Dios en el tabernáculo en el desierto era gloriosa. Pero el tabernáculo era únicamente una imagen; una ilustración de algo mucho mejor. El tabernáculo era una ilustración de Jesús. Cristo mismo se refiere a su cuerpo como al templo de Dios (el cual era una versión sedentaria del tabernáculo) (cf. Mateo 12:6; Juan 2:19-21). Pablo acierta en Colosenses que toda la plenitud de la deidad habita en Jesús (1:19). La presencia de Dios en el cuerpo de Cristo es mil veces mejor y más gloriosa que la presencia de Dios en el tabernáculo porque Jesús mismo es Dios.

Jesús es el tabernáculo, el Sumo Sacerdote, y el sacrificio

Permíteme ofrecer tres breves razones por las que Jesús es mejor que el tabernáculo. Primero, el tabernáculo era el lugar de reunión donde el pueblo de Israel, por medio de un Sumo Sacerdote podía entrar una vez al año al lugar santísimo donde la presencia de Dios habitaba. Allí el Sumo Sacerdote ofrecía sacrificios por el pecado de todo el pueblo. El tabernáculo era el medio para entrar en la presencia de Dios y tener comunión con él. Jesús sin embargo no necesitaba de un tabernáculo hecho con manos humanas porque él mismo es el tabernáculo. El entró en la presencia de Dios por medio del tabernáculo de su cuerpo (cf. Hebreos 9:1-12). El gozaba comunión perfecta con su Padre y es por medio de el tabernáculo de su cuerpo que nosotros también tenemos acceso directo a la presencia de Dios y podemos tener comunión con el Padre.

Segundo, en el tabernáculo, nadie podía entrar a la presencia de Dios más que el Sumo Sacerdote. El pueblo dependía del Sacerdote por medio del cual simbólicamente toda la gente entraba a la presencia de Dios una vez al año. Este sacerdote llevaba sobre sus hombros el juicio y la culpa del pueblo. Además él llevaba en su pecho. simbólicamente, a todo el pueblo. Jesús, sin embargo, no necesitaba de un sumo sacerdote. Jesucristo mismo es el Sumo Sacerdote. Pero él no entraba una vez al año. Jesús entró una sola vez que fue definitiva y que ahora ha abierto el lugar santísimo para que todo aquel que cree en Jesús pueda entrar directamente a la presencia de Dios cf. Hebreos 7:11-28; 8:1-5).

Tercero, en el tabernáculo en el desierto el sumo sacerdote tenía que ofrecer sacrificios para apaciguar la ira de Dios en contra del pueblo. El sacerdote incluso tenía que ofrecer sacrificios por sí mismo. Lo más triste es que estos sacrificios no eran capaces de purificar la conciencia de las personas. Estos solo purificaban la carne y apuntaban hacia un mejor sacrificio. Jesús ofreció este sacrificio mejor. Él se ofreció a sí mismo como el sacrificio. Su sangre si tiene el poder para purificar nuestras conciencias y nuestros corazones (cf. Hebreos 9:13-14). El sacrifico que Jesús ofreció a Dios para apaciguar su ira contra nosotros fue ofrecido una sola vez de forma definitiva. Ya no hay necesidad de ofrecer más sacrificios porque el sacrificio de Jesús fue suficiente para la propiciación de los pecados de toda la humanidad eternamente.

Podríamos resumir todo esto de la siguiente forma. El tabernáculo era una imagen que representaba a Jesús. El pueblo de Dios necesitaba un tabernáculo donde el Sumo sacerdote ofrecía sacrificios.

Pero Jesús es el tabernáculo mismo, el Sumo Sacerdote mismo y el sacrificio mismo; los tres a la vez.

¿Te das cuenta por qué digo que Jesús es mucho mejor que el tabernáculo? Si no me crees, te invito a que leas la carta a los Hebreos. Allí el autor explica todas estas cosas mucho más detallada y hermosamente que yo.