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Ven Jesús muy esperado – Adviento

No se necesita ser muy perspicaz para notar que algo está terriblemente mal con nuestro mundo. Navegar Facebook, Twitter o las noticias solo hace más obvia esta realidad. Actos de violencia oprobiosos son realizados por las personas que, se supone, son líderes, por las personas que admiramos (o que admirábamos), por las personas que deberían ser un ejemplo para nuestra sociedad. Este fenómeno no está limitado a un solo país o región. El mundo entero esta en desesperanza. Gobiernos corruptos, injusticia, desastres, pobreza, genocidio, terrorismo, son solo algunas de las cosas que atribulan a las naciones.

La situación solo empeora cuando agregamos nuestro sufrimiento personal y nuestras luchas a los ya graves problemas del mundo. La injusticia es suficientemente mala a un nivel internacional y masivo, pero se hace más palpable cuando nosotros mismos somos las víctimas de la injusticia. La enfermedad a nivel mundial es horrible, pero realmente nos pega cuando somos nosotros o algún miembro de nuestra familia los que reciben el diagnóstico de que el cancer es positivo.

Uno, sin embargo, debe de ser mucho más perspicaz para reconocer que muchos de estos males son autoinfligidos. Necesitamos muchísima perspicacia y humildad para reconocer que aparte de la misericordia de Dios, somos parte del problema, que hemos traído este sufrimiento multifacético sobre nosotros mismos.

Isaías 59

De muchas formas, nuestra situación actual es similar a la del pueblo de Israel (y del mundo) cuando Isaías 59 fue escrito. Te animo a que leas la primera sección de Isaías 59; del versículo 1 hasta el 15a.

¿Ya lo leíste? La situación es deprimente. Estos versículos podrían ser recitados casi palabra por palabra por cualquiera de nosotros ahora. Nos podemos identificar con este pasaje, o por lo menos yo, me puedo identificar con él. La cumbre de esta terrible situación es expresada vívidamente en los versículos 9-11:

“Por tanto el derecho está lejos de nosotros,
y no nos alcanza la justicia;
esperamos luz, y he aquí tinieblas,
claridad, pero andamos en oscuridad.
Vamos palpando la pared como ciegos,
y andamos a tientas como los que no tienen ojos;
tropezamos al mediodía como al anochecer,
entre los robustos somos como muertos.
Todos nosotros gruñimos como osos,
y gemimos tristemente como palomas;
esperamos la justicia, pero no la hay,
la salvación, pero está lejos de nosotros.”

La razón de estas nefastas circunstancias es explicada directamente en los versículos 2 y 12; “Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro de vosotros para no escucharos… ” “Porque se han multiplicado nuestras transgresiones delante de ti, y nuestros pecados testifican contra nosotros… ” Los pecados del pueblo, y básicamente los pecados del mundo, causaron una separación entre Dios y ellos. De la misma forma, todo lo que está mal en este mundo, es el resultado directo o indirecto de nuestra rebelión colectiva e individual en contra de Dios. 

Hay Esperanza

Mi esposa y yo estábamos leyendo este pasaje simultáneamente en nuestras propias Biblias. Por algún motivo, ella tuvo que tomar una pausa. Después de que terminó de hacer lo que tenía que hacer le pregunté que tal lejos había llegado en su lectura. Ella sólo había llegado hasta el versículo 13. Inmediatamente le insté a que terminara el capítulo completo. Los versículos 1-15a no tienen nada de esperanza. Estarías deprimido el resto del día si no terminaras el capítulo. Mi esposa me lo agradeció después de haber leído los versículos 15b-21. Te animo a que tú también leas esos versículos.

¿Los leíste? Son una imagen llena de esperanza. Dios ve que no hay nadie que traiga justicia, no hay ningún hombre que pueda traer salvación, la humanidad no tiene esperanza. Pero en lugar de decir: “Ni modo, ellos trajeron desgracia sobre sí mismos, se lo merecen,” él promete que se arremangará (una figura de que está listo para poner manos a la obra. cf. Isa 52:10) y por medio de su propio brazo; él mismo traerá la salvación que la gente tan desesperadamente necesita. Él traerá la justicia que tanto faltaba, él traerá redención “a los que en Jacob se aparten de la transgresión” (v. 20). Con razón el remanente fiel de Israel esperaba tan ansiosamente al redentor que había de venir.

Ven Jesús muy Esperado

El himno navideño de Charles Wesley (el cuál es mi favorito), Ven Jesús muy esperado, captura de forma magnífica el sentimiento que el remanente de Israel debió haber tenido cuando ellos leían pasajes como Isaías 59, así como la plétora de pasajes que profetizan la venida del esperado redentor. Lee cuidadosamente este hermoso himno.

Ven, Jesús muy esperado,
Ven, y quita de tu grey
Sus temores y pecados,
Pues tú eres nuestro Rey.
Eres fuerza y alegría,
De la tierra de Israel;
Y esperanza para aquellos,
Que te esperan con gran fe.

Naces para bien de todos;
Aunque niño, eres Dios;
Naces para hacernos buenos;
Oh Jesús, ven pronto hoy.
Con tu Espíritu divino
Reina en todo corazón,
Y tu gracia nos conduzca
A tu trono de esplendor.

Una Diferencia Esencial

Mencioné anteriormente que nos podemos identificar con la terrible situación de Israel y del mundo antes de la venida del redentor. Nuestra situación es muy similar a la de los israelitas en aquel tiempo. Existe, no obstante, una diferencia esencial entre su situación y la nuestra. El redentor esperado ya ha venido. Dios ya se arremangó y trajo salvación en su Hijo Jesús, el Cristo. Jesús es Dios poniendo “la justicia como coraza, y el yelmo de salvación en su cabeza” (v. 17).  Jesús vino, tal como Isaias y todo el Antiguo Testamento predijeron, y trajo redención al pueblo de Dios.

En un sentido, como el remanente de Israel, todavía cantamos; ven Jesús muy esperado, pero a diferencia de ellos, tenemos la certeza de que él ya vino una vez, y comenzó el trabajo de redención que él mismo culminará cuando venga por segunda vez. Él ya ha venido a liberar a su pueblo, y aún así seguimos esperando ser completamente liberados de la injusticia de este mundo, liberados de nuestros temores y pecados, nuestros sufrimientos y luchas. Podemos hallar nuestra fuerza y alegría en él incluso ahora. Él ya reina en nuestros corazones con su Espíritu divino. Por su propio mérito y por su gracia nos conduce al trono de esplendor donde intercede por nosotros.

De cara a lo caído de nuestro mundo, necesitamos cantar, y no solo cantar sino creer de todo corazón, y vivir a la luz de himnos como el villancico de Wesley. Necesitamos orar: Ven, Señor Jesús. Ven a liberar a este mundo, ven a quitar de este mundo nuestros temores y pecados. Tú eres nuestra esperanza, que con gran fe esperamos.

Lee la Palabra: Éxodo

Recientemente, en nuestra iglesia, concluimos una serie expositiva del libro de Éxodo. ¡Que gran libro! No imaginé que lo disfrutaría tanto. Me dan ganas de regresar en el tiempo y dedicar más domingos a este libro tan elegante, profundo, y bello.

Por mientras, compartiré algo de lo que aprendí de esta obra maestra con el propósito de animar a otros creyentes (y no creyentes) a leerla, estudiarla, meditarla, memorizarla, masticarla, escarbarla, devorarla, etc. Lo que sea necesario para que el Espíritu Santo transforme y domine tu corazón con su perenne palabra.

La importancia de Éxodo

Éxodo es un libro indispensable para entender el drama completo de la redención que Dios ha revelado en la Biblia. En este libro varios temas e ideas fundamentales que continuaran apareciendo en toda la Biblia son introducidos. El nombre personal de Dios, ‘Yahweh’ es presentado en esta obra por primera vez cuando Dios le habla a Moises en la montaña por medio de la zarza ardiente. Otras ideas y palabras tales como ‘salvación,’ ‘el decálogo’ (los diez mandamientos), etc. tiene su debut en el segundo libro de Moisés.

Redención

El termino ‘redención,’ y la definición del mismo, aparecen por primera vez en Éxodo. De hecho, la historia de la redención del pueblo de Israel en Éxodo es un predecesor de la, más grande e importante, historia de la redención de la humanidad que es narrada a lo largo de toda la Biblia.

Permíteme explicar a que me refiero con la afirmación anterior. En Éxodo tenemos una especie de paradigma de la redención. Podríamos resumir la historia del libro de la siguiente manera: Un grupo de personas que Dios había escogido estaba bajo el yugo de esclavitud. Dios mandó a un redentor que él preparó para rescatar a su pueblo. Un cordero fue inmolado y el pueblo se refugió bajo la sangre de este para escapar de la ira de Dios y del juicio que la presencia de Yahweh traía consigo. Después de haberlos redimido con su poderosa mano, Dios los llevó a un monte donde por medio de un mediador, les dio instrucciones sobre como vivir ahora que él iba a habitar en medio de ellos para que ellos pudieran vivir a salvo con la presencia de Dios entre ellos. Por cierto, Dios redimió a su pueblo con el propósito de habitar en medio de ellos. Dios les prometió que les daría una herencia donde Dios habitaría entre ellos para siempre. Por mientras ellos tenían una tienda donde la presencia de Dios estaba provisionalmente con ellos poderosamente.

Nuestra redención

¿Te das cuenta de que esta historia podría ser aplicada a la historia de nuestra salvación casi palabra por palabra? Esto es a lo que me refiero cuando digo que la historia de Éxodo es una especie de prototipo de la redención. Esto, no obstante, no debe resultar en comparar cada aspecto de nuestra salvación con la salvación del pueblo de Israel en el libro de Éxodo. Este es un libro histórico que narra un suceso específico en un momento específico de un grupo específico. La palabra de Dios, sin embargo, es una historia completa. No podemos tomar un libro por sí mismo y separarlo completamente del bosque completo que es la Biblia para estudiarlo como si fuera un árbol independiente. Los autores bíblicos, directa e indirectamente, hacen referencia al libro de Éxodo una y otra vez. Mateo deliberadamente compara la vida de Jesús a los acontecimiento del Éxodo. Lucas lo hace de forma más discreta. El autor de Hebreos no duda un segundo en aplicar todo el pentateuco, Éxodo incluido, a lo largo de su epístola. Pablo hace referencia a varios acontecimientos del Éxodo y los aplica directamente a la vida de todos los creyentes. Pero, como dije algunas lineas atrás, la historia de la redención del pueblo de Israel es un prototipo de la historia de la redención en toda la Biblia. En el drama de la redención, desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios escogió a un pueblo, mandó a su propio hijo Jesús para ser el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Él murió en una cruz y con su sangre cubrió a los escogidos de Dios de su juicio. Jesús además funge como mediador entre Dios y los hombres. El propósito de esta redención es que Dios habite en medio de su pueblo, el cual es la iglesia. Los escogidos, además, tenemos la promesa de Dios de una herencia donde habitaremos con Dios por la eternidad. Aun no hemos recibido esa herencia, pero Dios ya habita con sus escogidos por medio de su Espíritu Santo en el tabernáculo que es su iglesia. ¿Te das cuenta de la riqueza del libro de Éxodo y su aportación a la historia de la redención de toda la Biblia?

División del libro

El libro de Éxodo puede ser dividido en tres partes generales: (1) Redención. Esto es el éxodo propio (cuando Yahweh redime a su pueblo de su esclavitud en Egipto). (2) El pacto (cuando Yahweh hace un pacto con su pueblo en el Monte Sinaí, donde por medio de Moisés les da la ley). Y (3) La presencia. Esto se refiere a cuando Dios le da instrucciones a Moisés sobre como debe de ser construido el tabernáculo para que Dios pueda habitar en medio de su pueblo. Esta última sección es la más larga del libro. Para algunos también es la más aburrida. Sin embargo cuando nos percatamos de la tremenda importancia de estas instrucciones, el aburrimiento pasa a segundo plano y comenzamos a disfrutar las instrucciones tan intrínsecas de la construcción de esta tienda. Un ejercicio que debe ser practicado con precaución y con una exégesis disciplinada es el de comparar el tabernáculo con la iglesia. Existen muchas similitudes entre el tabernáculo y la iglesia.

Al igual que cada libro de la Biblia, el propósito principal del libro de Éxodo es poner nuestra mirada en Jesus, el autor y consumador de la fe, el único mediador entre Dios y los hombres, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, nuestro sumo sacerdote, el tabernáculo mismo, el sacrificio perfecto y final, Yahweh mismo. Te animo a que te sumerjas en esta obra maestra haciendo uso de todas tus herramientas teológicas, pero sin olvidar que estudiamos la Biblia no para dominarla sino para que por medio de ella, Dios nos domine a nosotros, y sin olvidar que la ley y los profetas hablan de Jesús. Búscalo a él, el cordero de Dios.

Dios creó cada parte de ti para la adoración

Este artículo fue publicado originalmente en la página de Desiring God y el autor original es Ryan Lister. Él es profesor en el seminario teológico Western Seminary y es autor del libro The Presence of God: Its Place in the Storyline of Scripture and the Story of Our Lives.

En realidad no toma mucho.

Puede pasar cuando escuchas la canción navideña favorita de tus papas. Inmediatamente la canción te transporta fuera de tu día de trabajo estéril, de regreso a tu juventud, a una sala llena de oropel, regalos y anticipación.

O tal vez sucede cuando hueles las especias del judo de manzana moviéndose por toda la casa esta navidad, y tú esperas la memoria de tu abuelo parado en la cocina, presumiendo su receta perfecta, con su sonrisa juguetona.

Adora con los cinco sentidos

Por supuesto, las memorias no son siempre ideales. Para algunos, estas son intrusiones inoportunas a una vida en construcción. Buenas o malas, dulces o amargas, las memorias regresan cada navidad. Solo un pequeño gatillo, y todo lo que hemos amado, perdido, y atesorado parece inflamarse en nuestros corazones.

La nostalgia llega por medio de nuestros sentidos. Lo que oímos, vemos, probamos, tocamos y olemos es la tinta que usamos para escribir nuestras autobiografías mentales. No podemos escapar nuestras memorias, porque no podemos escapar nuestros sentidos, de la misma forma que no podemos escapar de nosotros mismos.

Esto es hermoso porque fuimos creados de esta forma con un propósito. Dios nos da cinco sentidos para ayudarnos a adorarle: las vistas, los olores, las texturas, y los sabores testifican de la diversidad de los regalos de Dios y de la profundidad de la adoración que Dios merece.

Pero en nuestra búsqueda de conformar nuestro corazón y mente a la imagen de Cristo, a menudo olvidamos los elementos físicos de la adoración. Cuando perdemos esta dimension, a menudo perdemos lo que significa ser enteramente humano, e irónicamente nos perdemos de una forma principal en la que Dios quiere transformar nuestro corazón y mente. Nuestro Señor consistentemente construye la adoración en torno a los sentidos.

Recuerda la Pascua

Parados al precipicio de la caótica redención de Israel, Dios le ordena a su pueblo que se siente a comer — un mandamiento que podría parecer un poco fuera de lugar y mal informado. Pero cuando vemos esta escena a la luz de la obra de teatro completa, las instrucciones de Dios son perfectas. El éxodo no solo se trata de Dios guiando a Israel fuera de Egipto; se trata de Dios guiando a Israel a una adoración para toda la vida.

La pascua es nostalgia teológica. La pascua define la experiencia de redención de toda una generación de forma tan grande que Dios ordenó una repetición de la obra cada año (Éxodo 12:14). Con cada cordero, ellos olían redención. Cuando probaban las hiervas amargas, ellos probaban la bondad de Dios. Cuando se abrochaban las sandalias, cada paso les recordaba su gracia. Cada vez que mojaban el hisopo con la sangre, estaban pintando su teología.

Recuerda el Templo

El templo es el instrumento que Dios usa para abrumar a su pueblo de adentro para afuera. Sus elementos de adoración sacuden cada uno de los sentidos físicos para meter sus propósitos en su pueblo. Dios afinó a Israel y a sus sacerdotes al tono de su presencia y alabanza por medio del sabor del Pan de la Presencia, el calor de los holocaustos, el aroma a cedro e incienso, el brillo del oro, y los ecos de las oraciones. La experiencia multi-sensorial del templo traía a la persona entera delante de la presencia y la gloria de Dios (2 Crónicas 7:1-2).

Al igual que la pascua, cada visita al templo grababa olores, toques, sabores, sonidos, e imágenes en la consciencia del adorador. Después de dejar el templo, cuando un olor o sonido familiar rompía su rutina, el adorador era jalado de vuelta a la memoria del lugar donde Dios estaba presente, donde sus pecados murieron, y donde las promesas de Dios estaban completamente expuestas.

Recuerda la encarnación

En Cristo, Dios se hizo carne y tabernaculó en medio de su pueblo (Juan 1:14). En Cristo, vemos a Dios, y simultáneamente, lo que significa ser verdaderamente humano.

Es por esto que el ministerio de Jesús invade cada parte de nostros, incluyendo nuestros sentidos. Por medio de ojos con lodo los ciegos pueden ver. Por medio de tocar su manto, él cura a los quebrantados. Por medio del sonido de una simple oración, las multitudes probaron pan y pescado si fin.

En Jesús, el que creó nuestros sentidos entró a este mundo para redimirlos. Él vino a tocar, oler, oír, ver, y probar la muerte por su pueblo para que tú y yo podamos hacer lo que fuimos creados para hacer: adorarle con cada parte de nuestro ser (Romanos 12:1).

Fuimos creados para esto. Dios nos llama a probar el Pan de Vida, a tomar el Agua Viva, a ver la Luz del mundo, a oler las ovejas de nuestro Buen Pastor, a oír su pregunta, “¿Quien dices tú que soy yo?” Fuimos creados para tocar las marcas de los clavos en sus manos y verle parado afuera de la tumba vacía (Juan 20:27).

Recuerda las Buenas Noticias

Debemos escuchar y experimentar el evangelio una y otra vez. Dios ha creado una forma de hacer esto. Jesús nos da nostalgia de un nuevo pacto en el pan y el vino de la Cena del Señor. Y por medio de las aguas del bautismo, vemos, probamos, oímos, olemos, y sentimos lo que significa pasar de muerte a vida.

Dios nos salva — redimiendo y reinterpretando nuestros sentidos también — para que podamos adorarle de forma más completa. Entonces, prueba y ve — y toca, oye, y huele — que el Señor es bueno (Salmo 34:8). Fuiste creado para esto — cada parte de ti.

Y el tabernáculo, ¿qué tiene que ver con la Navidad?

El tabernáculo tiene todo que ver con la Navidad. Para explicar esto necesitamos ir a nuestra teología bíblica. Vamos a trazar brevemente el tema de la presencia de Dios.
Para hacer esto, debemos, naturalmente, comenzar con el Huerto del Edén. Dios ha existido desde la eternidad. Él, sin embargo, cuando creó el mundo y todo lo que hay en él, incluyendo su obra maestra; los humanos, decidió hacer un santuario donde él habitaría en perfecta comunión con sus amadas criaturas; Adán y Eva. Pero ellos pecaron contra Dios y por consiguiente perdieron el derecho de estar en la presencia de Dios en perfecta comunión con él. Ellos fueron expulsados hacia el Este, fuera del santuario; el Huerto del Edén.

Muchos años después Dios escogió a un hombre llamado Abraham para llevar a cabo su plan de redención. Él lo bendijo, le prometió una gran descendencia y tierra. Le prometió que por medio de su descendencia todas las naciones del mundo serían bendecidas.
Un par de generaciones más adelante, Jacob, el nieto de Abraham fue escogido por Dios para continuar la linea de sangre de esta promesa. Providencialmente, Jacob y sus doce hijos con sus esposas fueron a vivir en Egipto.

Una vez en Egipto, Israel se convirtió en una nación numerosa. Pero Faraón, rey de Egipto, comenzó a oprimir al pueblo de Israel por 400 años . Pero finalmente Dios escogió a su siervo Moisés para sacar a su pueblo de Egipto y llevarlos a la tierra que él le había prometido a Abraham. Después de demostrar su poderosa mano contra Faraón al mandar plagas a Egipto, Dios rescató a su pueblo y los llevó rumbo a la tierra prometida. Dios llevó a su pueblo al Monte Sinaí, donde la presencia de Dios se manifestó una vez más de forma gloriosa. Su presencia era tan santa y gloriosa que el pueblo ni siquiera podía acercarse a las faldas del monte o morirían. Unicamente Moisés pudo subir. Dios le dio su ley a Moisés sobre este monte. Además, Dios le dio a Moisés instrucciones sobre un proyecto de tremenda importancia. Este proyecto es llamado el tabernáculo. Este es una tienda de campaña en la cual Dios iba a habitar entre su pueblo (cf. Éxodo 25:8). Esta tienda era literalmente el santuario de Dios. Era un nuevo Huerto del Edén donde la presencia de Dios habitaba. El tabernáculo era el medio por el cual el pueblo de Dios podía gozar de una comunión con él.

El tabernáculo y Jesús

Estoy consciente de que aún no he respondido la pregunta principal. ¿Cuál es la relación entre el tabernáculo y la navidad? Para allá vamos. Durante la Navidad celebramos el nacimiento de Jesucristo. En las palabras del Apóstol Juan, “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.” Y más adelante Juan dice, “El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” En Navidad celebramos que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. La palabra que Juan utiliza para “habitó” tiene su raíz en el sustantivo “tabernáculo” utilizado en Éxodo para referirse a la tienda donde la presencia de Dios estaba en medio de su pueblo. En otras palabras, Juan puede ser traducido literalmente, “El verbo se hizo carne y ‘tabernaculó’ entre nosotros.” El Verbo se hizo carne y puso su tienda de campaña entre nosotros.

La presencia de Dios en el tabernáculo en el desierto era gloriosa. Pero el tabernáculo era únicamente una imagen; una ilustración de algo mucho mejor. El tabernáculo era una ilustración de Jesús. Cristo mismo se refiere a su cuerpo como al templo de Dios (el cual era una versión sedentaria del tabernáculo) (cf. Mateo 12:6; Juan 2:19-21). Pablo acierta en Colosenses que toda la plenitud de la deidad habita en Jesús (1:19). La presencia de Dios en el cuerpo de Cristo es mil veces mejor y más gloriosa que la presencia de Dios en el tabernáculo porque Jesús mismo es Dios.

Jesús es el tabernáculo, el Sumo Sacerdote, y el sacrificio

Permíteme ofrecer tres breves razones por las que Jesús es mejor que el tabernáculo. Primero, el tabernáculo era el lugar de reunión donde el pueblo de Israel, por medio de un Sumo Sacerdote podía entrar una vez al año al lugar santísimo donde la presencia de Dios habitaba. Allí el Sumo Sacerdote ofrecía sacrificios por el pecado de todo el pueblo. El tabernáculo era el medio para entrar en la presencia de Dios y tener comunión con él. Jesús sin embargo no necesitaba de un tabernáculo hecho con manos humanas porque él mismo es el tabernáculo. El entró en la presencia de Dios por medio del tabernáculo de su cuerpo (cf. Hebreos 9:1-12). El gozaba comunión perfecta con su Padre y es por medio de el tabernáculo de su cuerpo que nosotros también tenemos acceso directo a la presencia de Dios y podemos tener comunión con el Padre.

Segundo, en el tabernáculo, nadie podía entrar a la presencia de Dios más que el Sumo Sacerdote. El pueblo dependía del Sacerdote por medio del cual simbólicamente toda la gente entraba a la presencia de Dios una vez al año. Este sacerdote llevaba sobre sus hombros el juicio y la culpa del pueblo. Además él llevaba en su pecho. simbólicamente, a todo el pueblo. Jesús, sin embargo, no necesitaba de un sumo sacerdote. Jesucristo mismo es el Sumo Sacerdote. Pero él no entraba una vez al año. Jesús entró una sola vez que fue definitiva y que ahora ha abierto el lugar santísimo para que todo aquel que cree en Jesús pueda entrar directamente a la presencia de Dios cf. Hebreos 7:11-28; 8:1-5).

Tercero, en el tabernáculo en el desierto el sumo sacerdote tenía que ofrecer sacrificios para apaciguar la ira de Dios en contra del pueblo. El sacerdote incluso tenía que ofrecer sacrificios por sí mismo. Lo más triste es que estos sacrificios no eran capaces de purificar la conciencia de las personas. Estos solo purificaban la carne y apuntaban hacia un mejor sacrificio. Jesús ofreció este sacrificio mejor. Él se ofreció a sí mismo como el sacrificio. Su sangre si tiene el poder para purificar nuestras conciencias y nuestros corazones (cf. Hebreos 9:13-14). El sacrifico que Jesús ofreció a Dios para apaciguar su ira contra nosotros fue ofrecido una sola vez de forma definitiva. Ya no hay necesidad de ofrecer más sacrificios porque el sacrificio de Jesús fue suficiente para la propiciación de los pecados de toda la humanidad eternamente.

Podríamos resumir todo esto de la siguiente forma. El tabernáculo era una imagen que representaba a Jesús. El pueblo de Dios necesitaba un tabernáculo donde el Sumo sacerdote ofrecía sacrificios.

Pero Jesús es el tabernáculo mismo, el Sumo Sacerdote mismo y el sacrificio mismo; los tres a la vez.

¿Te das cuenta por qué digo que Jesús es mucho mejor que el tabernáculo? Si no me crees, te invito a que leas la carta a los Hebreos. Allí el autor explica todas estas cosas mucho más detallada y hermosamente que yo.

Cómo leer el Pentateuco

No es un secreto que ciertos libros de la Biblia pueden ser más… tediosos y difíciles de leer que otros. Mi deseo es que los creyentes, cada vez más, puedan disfrutar su Biblia completa; no solo partes de ella. En este artículo comparto seis claves para leer el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia, los cuales Moisés escribió; Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). Estas claves vienen del libro “God in Our Midst” (Dios entre nosotros) de Daniel R. Hyde. Este libro ha sido de gran beneficio y animo para mí.

Lee el Pentateuco como Escritura

Toda la Escritura es inspirada por Dios. El Pentateuco no es la excepción. La “Biblia” que Jesús utilizó durante si ministerio terrenal incluía el Antiguo Testamento y, por consiguiente, los libros de Moisés. Él amaba estos libros. Él los aprendió como todo niño judío de su tiempo. Cristo, además, les enseñó a sus discípulos todo lo referente a él en todas las Escrituras, incluyendo el Pentateuco. Además, todo lo que estaba escrito en el mismo se cumplió en Jesús (cf. Lucas 24:27, 44).
Pablo, igualmente, exhorta a Timoteo diciéndole que las Sagradas Escrituras le “pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15). Estas escrituras, tanto como el Nuevo Testamento, “son inspiradas por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra” (16-17).
La próxima vez que te encuentres leyendo los libros más pesados como la narración de la construcción del Tabernáculo o el sistema sacrificial de Levítico, no tires la toalla. Estas también son las Escrituras, y son útiles para dirigirte a Jesús.

Lee el Pentateuco de forma devocional

La Biblia no debe ser leída simplemente para adquirir conocimiento por adquirirlo. La Escritura debe de ser leída para alimentar nuestras almas, para nutrirnos, para cultivar una comunión con Dios. Si solo estás leyendo la Biblia buscando versículos que prueban tus inclinaciones teológicas y doctrinales, la estás leyendo mal. Jesús, cuando fue tentado en el desierto, dijo que el hombre vivirá “de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Adivina de dónde está citando esta frase. ¡Correcto! Del Pentateuco; Deuteronomio, para ser exactos. Esto significa que el alimento del creyente es la Palabra de Dios. La Biblia, el Pentateuco incluido, es el festín más delicioso y rico para nuestras almas.

Cuando estés leyendo los libros de Moisés, recuerda que esta es la palabra misma de Dios, ya que el la inspiró; y que es tu alimento como creyente. Busca ser nutrido. Busca refrescar tu alma.

Lee el Pentateuco con los lentes del Nuevo Testamento

Agustín de Hipona escribió, “En el Antiguo Testamento el Nuevo está escondido, y en el Nuevo Testamento el Antiguo es revelado.” El Nuevo Testamento es esencial para nuestra interpretación del Antiguo Testamento. “El Antiguo Testamento por sí solo está incompleto. Es meramente el primero de dos tomos, donde el Nuevo Testamento es el segundo” (Hyde). Es verdad que el Antiguo Testamento nos dirige hacia Jesús y es inspirado por Dios, pero en el Nuevo Testamento Dios ha revelado su plan de forma más clara. Algunos teólogos se refieren a este concepto como a “revelación progresiva.” En el Antiguo Testamento Dios no había revelado tanto como en el Nuevo (cf. Hebreos 1:1).

Imagina que estás en el oculista y el doctor está tratando de encontrar la graduación perfecta para tus nuevos lentes. Entonces él te pone ese aparato donde hay varios lentes. Y así él comienza a probar lente por lente hasta encontrar el lente adecuado. Podríamos decir que el Antiguo Testamento por sí sólo es como tener dos grados más abajo de tu graduación necesaria. Sí puedes ver algunas cosas, pero se ven borrosas. Cuando finalmente el doctor llega al lente que necesitas, todo se ve más claro. El Nuevo Testamento es como ese lente que hace que todo se vea más claro. Entonces, al leer el Pentateuco, debes recordar que necesitas del Nuevo Testamento para comprender su significado completo. Robert Strimple escribió, “En el Nuevo Testamento le ha sido dada a la iglesia de Cristo, por la inspiración del Espíritu Santo, esa revelación post-resurrección, post-pentecostés, que es absolutamente autoritaria, su guía infalible para todos los aspectos de la fe y la vida.”

Un consejo práctico es leer la carta a los Hebreos junto con tu lectura del Pentateuco. Idealmente, podrías crear un plan de lectura donde lees todo el Nuevo Testamento a la par del Pentateuco. No tienes que ser un erudito de la Biblia para encontrar las conexiones. Estás sobresaltan a lo largo de toda la Escritura. Solo tienes que leer.

Lee el Pentateuco como cumplido en Jesucristo

Pablo escribió en su segunda carta a los corintios, “Pues tantas como sean las promesas de Dios, en [Jesús] todas son sí. Por eso también por medio de él, es nuestro Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros” (1:20). En Jesús todo el Antiguo Testamento es cumplido. Él es el tema de la Biblia. Toda la escritura habla de él. En uno de sus muchos encuentros con los fariseos, Jesús les dijo, “Ustedes examinan las Escrituras porque piensan tener en ellas la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio de Mí!” (Juan 5:39). “Su regaño era para aquellos que pensaban que un estudio ‘profundo’ de la Biblia, con todos sus detalles desconocidos, era salvífico en sí mismo; más bien, él dijo, el estudio de la Escritura debe estar centrado en él” (Hyde). En Lucas 24:27 Jesús declara “que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre Mí está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos.” Si estás leyendo la Biblia sin buscar a Jesús, incluso el Pentateuco; especialmente el Pentateuco, estás perdiéndote del platillo fuerte.

Lee el Pentateuco de forma simple

El que estemos buscando a Jesús en toda la escritura no significa que vamos a torcer los pasajes para que todos sean una alegoría de Jesus. Recuerda que la Escritura interpreta a la Escritura. No busques alegorías, tipos y anti-tipos donde no los hay. “¿Qué significa leer la palabra de Dios de forma simple?” Hyde pregunta, “Significa que lo tenemos que leer teológicamente. Al leer, entonces, no nos preguntamos sobre el significado escondido o los detalles mínimos tal como los anillos, los postes y las mesas del tabernáculo, o el color de las piedras en el efod del sumo sacerdote, sino preguntas tales como, ‘¿Qué me enseña este pasaje sobre Dios, sobre mis pecados, sobre la obra redentora de Cristo, y sobre como debo vivir para la gloria de Dios?’” Lee la Biblia; el Pentateuco, de forma simple. Busca aplicaciones prácticas. Busca claridad. Calvino recomienda que, “es mejor confesar nuestra ignorancia que darnos gusto con conjeturas frívolas”cuando estamos tratando de interpretar pasajes difíciles como muchos de los textos en el Pentateuco.

Lee el Pentateuco como instrucción moral

Uno de los propósitos de la Escritura es guiar al pueblo de Dios a una vida piadosa. Cuidado. No estoy diciendo que debemos usar la Biblia únicamente como una guía de moralidad, o un libro de reglas. La Biblia es la palabra de Dios revelada que contiene la historia de redención. Pero eso no significa que la Escritura no nos puede instruir moralmente. Pablo le recuerda a Timoteo que “toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16). Pablo no es un moralista, mucho menos un legalista. Sin embargo, tampoco es un antinomianista. Él entiende que “la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús” (Tito 2:11-13). Si la gracia que predicas no te enseña obediencia a la palabra de Dios, es una gracia barata. La gracia de Dios, además de traer salvación, nos enseña a vivir sobria, justa y piadosamente. El Antiguo Testamento muchas veces es desechado como obsoleto conteniendo reglas arcaicas. Pablo, sin embargo, lo considera nuestra pre-historia. Las narrativas del Pentateuco son nuestro patrimonio como pueblo de Dios. Además, Pablo asegura, “estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros” (cf. 1 Corintios 10:1-11).

Conclusión

Te animo a leer tu Biblia completa. No te saltes el Pentateuco, especialmente los libros más cansados como la segunda mitad de Exodo, Levítico, Números, Deuteronomio. Te estarías perdiendo una gran parte del consejo de Dios. Usa estas claves para guiarte en tu estudio de estos libros. No tires la toalla. Lee junto con el Nuevo Testamento, busca consejo, lee comentarios buenos, usa una Biblia de estudio. Haz lo que sea necesario, pero no te brinques estos libros. Con tiempo aprenderás a amarlos junto a toda la hermosa palabra de Dios.

Redención

Conexión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento

Acabo de leer un libro que iluminó tremendamente mi entendimiento del Antiguo Testamento y encendió mi amor por el mismo. Con buena razón el libro se llama “Manual de bolsillo para amar el Antiguo Testamento.” Haz click aquí para verlo en Amazon. En este libro, Tim Keller cuenta sobre un encuentro que tuvo con Alec Motyer (el autor del libro) donde Alec dijo esto:

“Imagina cómo hubieran dado su testimonio los israelitas que estaban bajo Moisés. Hubieran dicho algo así: ‘Estábamos en una tierra ajena, en esclavitud, bajo sentencia de muerte. Pero nuestro mediador-el que está entre nosotros y Dios-vino con la promesa de libertad. Confiamos en las promesas de Dios, nos refugiamos en la sangre del cordero, y él nos guió fuera de ahí. Ahora estamos en camino a la tierra prometida. Todavía no estamos ahí, pero tenemos la ley que nos guía, y por medio del sacrificio de sangre también tenemos su presencia entre nosotros. Entonces él se va a quedar con nosotros hasta que lleguemos a nuestro verdadero país, nuestro hogar eterno.’ Ahora piensa en eso. Un cristiano hoy podría decir lo mismo casi palabra por palabra” (mi propia traducción).

Es increíble lo mucho que podemos aprender del Antiguo Testamento cuando lo vemos desde esta perspectiva. Obviamente no es saludable continuar con la analogía punto por punto porque esto nos puede llevar a una mala interpretación del texto. Debemos interpretar cada pasaje en su propio contexto. Pero cuando ejercemos discernimiento y le pedimos al Espíritu de Dios que nos ilumine para entender su palabra, es muy emocionante descubrir nuevas conexiones entre el Antiguo Testamento y el Nuevo, las cuales son inmediatamente aplicables para los creyentes del nuevo pacto en el siglo XXI.

Para ejemplificar esto, vamos a utilizar dos pasajes del Antiguo Testamento. Uno de ellos está en Éxodo 13 y el segundo está en Deuteronomio 7. En esta publicación nos enfocaremos en el primero.

Redención para Israel

En Éxodo 13 nos encontramos en una parte de la Biblia que no es tan famosa comparada con su contexto inmediato. Justo después de que Dios mata a los primogénitos de Egipto y Faraón deja salir al pueblo de Israel, pero antes de que Faraón comienza a perseguir a los israelitas y Dios abre el mar rojo, nos topamos con nuestro pasaje. Entre estos dos sucesos tan famosos, Dios instituye tres celebraciones o rituales que los israelitas tienen que poner en práctica una vez que entren a la tierra prometida: La pascua, los panes sin levadura, y la consagración del primogénito. La explicación de esta última celebración se encuentra en Éxodo 13:11-16.

“Y cuando el SEÑOR te lleve a la tierra del Cananeo, como te juró a ti y a tus padres, y te la dé, dedicarás al SEÑOR todo primer nacido de la matriz. También todo primer nacido del ganado que poseas. Los machos pertenecen al SEÑOR. Pero todo primer nacido de asno, lo redimirás con un cordero; pero si no lo redimes, quebrarás su cuello. Todo primogénito de hombre de entre tus hijos, lo redimirás.

“Y cuando tu hijo te pregunte el día de mañana:‘¿Qué es esto? ’ le dirás:‘Con mano fuerte nos sacó el SEÑOR de Egipto, de la casa de servidumbre. Y aconteció que cuando Faraón se obstinó en no dejarnos ir, el SEÑOR mató a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito del hombre hasta el primogénito de los animales. Por esta causa yo sacrifico al SEÑOR los machos, todo primer nacido de la matriz, pero redimo a todo primogénito de mis hijos. ’ Será, pues, como una señal en tu mano y como insignias entre tus ojos. Porque con mano fuerte nos sacó el SEÑOR de Egipto. (NBLH)

En estos versículos vemos una de las menciones más tempranas del término redención. Dios les ordena a los israelitas que ofrezcan como sacrificio al Señor todo primer nacido de sus animales. Dios además les ordena que rediman al primer nacido de sus asnos y al primogénito de sus hijos ofreciendo un cordero a cambio del asno y del hijo. El término redimir significa básicamente comprar. Cuando vienes regresando del trabajo tu esposa te puede llamar por teléfono y decir algo así: “Amor, ¿me puedes redimir unas tortillas y leche del supermercado?” En la Biblia el significado de redimir obviamente es más profundo que el significado básico. Redimir significa: comprar de la esclavitud, rescatar de la esclavitud o de alguna situación adversa, liberar por medio del pago de un rescate. En el caso de nuestro pasaje, redimir significa que ellos tenían que liberar a sus hijos primogénitos y a sus asnos de la muerte. Y el precio que se pagaba por ellos era la sangre de un cordero.

Tal vez te preguntes por qué Dios les ordenó a los israelitas hacer esto. ¿Será que Dios es una deidad sedienta de sangre que quiere imponer mandamientos irracionales para su pueblo? ¡No! Dios es un Dios amoroso que sabe que su pueblo es olvidadizo. Por lo tanto él instituye estas celebraciones y regulaciones para recordarles por lo menos dos cosas. (1) Todo le pertenece a él incluyendo las posesiones de los israelitas. Los israelitas deben reconocer que nada de lo que tienen les pertenece; incluso sus animales y sus hijos. Además Dios quiere que recuerden que (2) así como ellos están redimiendo a sus hijos de la muerte, ellos también fueron redimidos de la muerte y de su esclavitud en Egipto. Dios los rescato cuando eran esclavos en Egipto. Dios salvó la vida de sus primogénitos cuando el cordero pascual fue sacrificado y su sangre fue puesta sobre los dinteles de sus puertas.

Redención para nosotros

Siguiendo la lógica de Motyer, nosotros como creyentes del siglo XXI podríamos dar nuestro testimonio casi palabra por palabra como el testimonio de un israelita. Éramos esclavos del pecado y no teníamos esperanza. Pero Dios mandó a un mediador a liberarnos de nuestra esclavitud. Confiamos en la muerte del Cordero de Dios; Cristo Jesús. Y por el precio de su sangre derramada en la cruz fuimos redimidos.

La pregunta que la lógica nos obliga a preguntar es: ¿Qué hacemos ahora que hemos sido redimidos? ¿Tenemos que sacrificar a los primeros nacidos de nuestros animales? ¿Tengo que ofrecer a mi cachorrito Fluffy? ¿O a mi pez? ¿Tengo que redimir a mi primogénito con la sangre de un cordero? La respuesta a todas estas preguntas es no. Pero entonces, ¿Qué hacemos con un pasaje como este en el Antiguo Testamento? ¿Podríamos decir que es una historia muy buena que fue incluida en el libro de Éxodo por azares del destino? No. El Espíritu Santo también inspiró estos versículos. Y no es un accidente que él los incluyó en esta sección. Sin embargo, la pregunta continua. ¿Qué hacemos los creyentes del siglo XXI con un pasaje como este? Permíteme reformular esta pregunta. ¿Cómo puede un Cristiano que es miembro del nuevo pacto aplicar este pasaje a su vida?

Jesús cumplió toda la ley perfectamente en representación de nosotros

La respuesta es clara cuando recordamos que Jesús cumplió toda la ley perfectamente en representación de nosotros. Nunca antes había alguien cumplido la ley perfectamente hasta que Jesús, el hijo de Dios, se hizo carne. Jesús después de haber nacido cumplió incluso esta regulación que encontramos en Éxodo 13. En la providencia de Dios, cuando Jesús nació, sus padres terrenales lo llevaron al templo para ser consagrado, de acuerdo a la ley del Señor. Y como eran pobres tuvieron que ofrecer dos tórtolas y dos pichones en lugar de un cordero, de acuerdo a la ley del Señor (Lucas 2:22-24, cf. Levítico 12:8). En Jesús, toda la ley fue cumplida y por consiguiente nosotros, los miembros del nuevo pacto, ya no estamos sujetos a la ley de Moisés. Entonces no tenemos que sacrificar a nuestros animales ni redimir a nuestro primogénito.

¿Cuál es entonces nuestra respuesta como una gente que ha sido redimida de la esclavitud al pecado? Existen por lo menos tres pasajes en el Nuevo Testamento que están directamente relacionados con el tema de redención y sacrificio.

Huye de la inmoralidad sexual

En 1 Corintios 6:18-20 encontramos una aplicación específica para el hecho de que hemos sido redimidos:   

18 Huyan de la fornicación. Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo. 19 ¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos? 20 Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios. (NBLH)

Cuando entendemos que hemos sido redimidos por el precio de la sangre de Jesús, nos damos cuenta de que no nos pertenecemos a nosotros mismos. Nuestros cuerpos no nos pertenecen. ¿Cuál es la aplicación práctica? Que huimos y nos abstenemos de la inmoralidad sexual. Y no sólo nos abstenemos de la inmoralidad sexual. También hay algo positivo que podemos hacer. Como sabemos que nuestras vidas y nuestros cuerpos le pertenecen a Dios, glorificamos a Dios en nuestro cuerpo. Usamos cada uno de nuestros miembros -nuestros ojos, nuestro cerebro, nuestras manos, nuestra lengua, nuestros pies- para la gloria de Dios.

Vive sobria, justa y piadosamente

Otro pasaje que tiene una aplicación directa para nosotros a la luz de nuestra redención es Tito 2:11-14.

11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, 12 enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, 13 aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús. 14 El se dio por nosotros, para REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD y PURIFICAR PARA SÍ UN PUEBLO PARA POSESIÓN SUYA, celoso de buenas obras. (NBLH)

En este pasaje vemos que Dios nos salvó por su gracia y nos redimió de todos nuestros pecados para que seamos un pueblo para posesión suya que es celoso de buenas obras. En otras palabras. Dios nos salvó y el resultado es que vivimos vidas agradables a él. Además la salvación de Dios nos enseña a vivir sobria, justa y piadosamente. Nos enseña a negar la impiedad y los deseos mundanos. Cuando entendemos que hemos sido redimidos del pecado, vamos a buscar vivir vidas piadosas. Vamos a alejarnos de esos programas de televisión y películas que promueven la impiedad. Vamos a alejarnos de conversaciones que estimulan nuestros deseos mundanos. Vamos a vivir sobriamente o con dominio propio. Tendremos dominio propio en nuestro dormir, nuestras emociones, nuestra alimentación, el tiempo que pasamos en las redes sociales, los videojuegos. Tendremos dominio propio cuando venga la tentación a pecar. ¿Por qué? Porque sabemos que no nos pertenecemos a nosotros mismos. Porque sabemos que la sangre de Cristo es el precio que fue pagado por nuestro rescate (cf. 1 Pedro 1:13-21).

Un sacrificio vivo

Se que dije que ya no tenemos que hacer sacrificios de animales. Sin embargo, Pablo urge a los creyentes de Romanos (y a nosotros también) a que se ofrezcan a sí mismos como un sacrificio vivo.

1 Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes. 2 Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto. (NBLH) Romanos 12:1-2

Ya no ofrecemos sacrificios de animales. Pero cuando reconocemos que no nos pertenecemos a nosotros mismos porque hemos sido redimidos, nuestro única respuesta racional debería ser ofrecer nuestras propias vidas a Dios como un sacrificio vivo. No tenemos que matarnos a nosotros mismos. Más bien, ofrecemos el todo de nuestra vida a Dios y utilizamos nuestros cuerpos para glorificarle a él.

Conclusión

Así es como la redención de Israel de la antigüedad aplica a nuestras vidas hoy. Ellos fueron redimidos de Egipto. Nosotros fuimos redimidos de nuestro pecado. Ellos fueron redimidos por la sangre de un cordero. Nosotros fuimos redimidos por la sangre del Cordero. Ellos ofrecían sacrificios de animales. Nosotros ofrecemos nuestras propias vidas para glorificar a Dios con todo nuestro ser.

El Antiguo y el Nuevo Testamento no son dos historias completamente distintas que no tienen nada que ver la una con la otra. La Biblia entera cuenta una historia completa donde los humanos somos los personajes y Jesús es el héroe. Los dos Testamentos hablan de Jesús. El Antiguo Testamento es la preparación para Jesús y el Nuevo es la realización del salvador.