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Mortifica a la lujuria con el amor

Amor o Lujuria?

En algún momento se me ocurrió que un hombre que siente lujuria por las mujeres¹ probablemente se excusaría, o por lo menos razonaría que él siente lujuria por ellas porque ama mucho a las mujeres. ¿Verdad? ¿Acaso no la Biblia misma dice que Amnón violó a Tamar por que la amaba? Incluso la LXX (traducción griega del Antiguo Testamento) usa el famoso y malinterpretado verbo agapeo para referirse al tipo de amor que Amnón sentía por Tamar.²
Permíteme sugerir, que el amor que un hombre tiene por una mujer que no es su esposa no es amor en lo absoluto. ¡Más bien es idolatría! ¡Es pecado! La idolatría es amar,  y buscar satisfacción y seguridad en alguien o algo que no es Dios. La idolatría es adorar a lo creado antes que al Creador. La Biblia tiene un nombre para este tipo de idolatría; lujuria.
Es irónico que alguien que ve pornografía, tiene una aventura, mira a las mujeres de forma inapropiada, o tiene fantasias con ellas en su corazón, no lo hace porque ama a las mujeres demasiado. Más bien lo hace porque siente lujuria por ellas. En otras palabras, un hombre que siente lujuria por las mujeres, no ama a las mujeres demasiado, más bien no ama a las mujeres para nada. (Técnicamente las ama pero con el tipo de amor que la Biblia condena y por lo tanto este amor pasa a ser idolatría y lujuria. cf. 1 Juan 2:15)
Mi meta en este artículo no es darte una receta que te ayudará a vencer la lujuria de una vez por todas. Me gustaría poder hacerlo, pero sé que la lujuria, como cualquier otro pecado, es un problema profundo que requiere mucho más que una simple solución humana. Es por eso que quiero apuntarte hacia la gracia de Dios; Jesús. Solo él es capaz de liberarte de esta tormenta. Y la noticia más grande es que, si crees en él, él ya te está librando, incluso en este momento mientras lees este artículo. Sin embargo, si quiero ofrecer ciertos pensamientos frescos y prácticos (eso espero) para ayudarte en este largo proceso de vencer a la lujuria.

¿La mortificación es un concepto positivo?

Muchos, como yo pensaba, creen que la mortificación del pecado (matar al pecado) es un concepto exclusivamente negativo (deja de ver ciertas imágenes, mata al viejo hombre, etc.) La mortificación, sin embargo, también es un concepto positivo producido por el Espíritu Santo. La mortificación del pecado significa vestirnos del nuevo hombre tanto como desvestirnos del viejo hombre. La mortificación es vestirnos del Señor Jesucristo tanto como matar de hambre a la carne y sus deseos. La mortificación implica presentar nuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia tanto como implica no presentar nuestros miembros al pecado como instrumentos de injusticia. La mortificación del pecado es un concepto positivo tanto como es un concepto negativo.
Es en estos términos que quiero abordar el tema de la lujuria en este post. Por lo tanto, para poder mortificar a la lujuria, debes enfocarte en los pasos positivos de la mortificación tanto como, o incluso más que en los pasos negativos. No puedes vencer a la lujuria simplemente forzándote a dejar de ver porno, o deshaciéndote de tu teléfono o de tu computadora. Para matar a la lujuria tienes que sustituir a esa lujuria por su equivalente positivo; el amor.

Mortifica a la lujuria con el amor

Aquí está el meollo del asunto. Si lo opuesto a la lujuria es el amor, entonces sigue que puedes mortificar a la lujuria con el amor. No obstante, no sigue que la solución a tu problema de lujuria es amar a las mujeres en lugar de desearlas. Eso es ciertamente un resultado de la verdadera solución pero no es la solución misma. El tipo de amor del que estoy hablando tiene un objeto diferente y una fuente específica.

El amor de Cristo

Este amor, su fuente, su objeto, y su resultado son expuestos por Pablo en una de mis declaraciones favoritas que se encuentra en su segunda carta a la iglesia de Corinto. Él está explicándoles porque es que él y sus co-ministros hacen lo que hacen, y se comportan de la forma en la que se comportan. Básicamente les está presentando una apología de su estilo de vida. Su explicación es esta: “Pues el amor de Cristo nos apremia (nos controla), habiendo llegado a esta conclusión: que Uno murió por todos, y por consiguiente, todos murieron.  Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquél que murió y resucitó por ellos” (5:14-15). Este era el eslogan de Pablo. Él vivía de esa forma por lo que Cristo había hecho por él y por todos. El amor de Cristo por él era lo que lo controlaba. Pablo no tenia otra opción más que vivir para Cristo a causa del amor que Cristo le había mostrado.
Este concepto es desarrollado más a fondo por el Apóstol del amor; Juan. Después de una detallada exhortación a amar a los hermanos, Juan pausa por un segundo y define el amor: “En esto conocemos el amor: en que [Jesús] puso Su vida por nosotros. También nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3:16). Unos versículos más adelante Juan continua desarrollando el mismo concepto: “En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a Su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él” (4:9).
Para que quede claro: el amor que Dios nos dio al mandar a su hijo Jesús a vivir una vida perfecta, morir por nosotros, y resucitar de los muertos, haciendo posible nuestra justificación y eventualmente nuestra resurrección junto con él, es la solución final a tu problema de lujuria, y a cualquier otro pecado, y a todo lo que está mal en este mundo. No es tu amor por Dios el que finalmente te liberará de tu pecado (aunque tu amor por Dios es parte del proceso), sino que es el amor de Dios por ti, en Cristo, el que transformará la forma en la que vives, y la forma en la que tratas, ves, y piensas a las mujeres (cf. 1 Juan 4:10).
No se requiere de más reglas y compromisos, se requiere de una experiencia del amor de Dios para luchar contra la lujuria  y vencerla. Deja de contar los días que has pasado sin ver pornografía, mejor recuerda que no importa cuantas veces has caído, Dios te ha perdonado porque el te ama de tal forma que mandó a su Hijo a tomar el castigo por cada una de esas veces que caíste y aun por las caídas que tendrás en el futuro.
Conocer el amor que Dios tiene por ti en Cristo, por su Espíritu, es realmente lo que te ayudará a luchar contra la lujuria. Puede que caigas nuevamente, puede que veas con lujuria a una mujer otra vez. Incluso puede que a veces la veas por un hábito subconsciente. Pero nada te motivará a arrepentirte, confesar, superar esa horrible sensación de culpa que dura días, experimentar la gracia de Dios y su perdón nuevamente, y levantarte nuevamente listo para luchar la siguiente batalla, como el amor que Cristo ha mostrado por ti lo hará.
Mortifica a la lujuria con el amor; con el amor de Cristo.

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El cristiano y el gazolinazo

John M. Ackerman, columnista Jornada y Proceso, ofreció su opinión y análisis del gasolinazo para La Jornada hace un par de días. Aunque no estoy de acuerdo con todo lo que él dice, y dado que reconozco que su entendimiento de la situación es mucho mayor que mi limitado entendimiento, no intento responder formalmente a ninguna de sus observaciones, sino agarrarme de un par de sus declaraciones para presentar mi propia reflexión desde una perspectiva evangélica.

Él hace dos declaraciones que llamaron profundamente mi atención. (1) Al final de su columna, el dice, “Las marchas y las protestas son muy importantes como vía para expresar y desahogar la indignación ciudadana. Sin embargo, solamente funcionan para modificar políticas públicas cuando los gobernantes tienen sensibilidad social y política. Quien crea que el actual secretario de Hacienda y los comisionados de la Comisión Reguladora de Energía van a echar atrás el gasolinazo por una marcha o un boicot de unos días, seguramente también cree que los Reyes Magos en persona llevarán regalos a los niños de México este próximo viernes en la mañana. Una condición sine qua non para que los ciudadanos podamos jugar el papel protagónico que nos corresponde es el establecimiento de un gobierno participativo y popular que respete la institucionalidad democrática y escuche a su población. En otras palabras, hace falta un gobierno totalmente nuevo y diferente, un giro de 180 grados en comparación con lo que hemos vivido con Calderón y Peña Nieto. ¿Es mucho pedir?”

Tristemente, en México el gobierno no es un gobierno participativo ni popular que respete la institucionalidad democrática y escuche a su población. Un México donde esto fuera realidad es un sueño muy lindo. Mi mente no logra imaginar tal México. Mi postura, por pesimista que sea, no llega al punto del fatalismo o la resignación. Los mexicanos debemos buscar un gobierno bueno, que nos beneficie a todos. (La sugerencia que Ackerman parece ofrecer es AMLO. Dudo mucho que Obrador sea la respuesta).

¿Cuál debería ser entonces nuestra postura como mexicanos? Y más importantemente, ¿Cuál debería ser nuestra postura como mexicanos cristianos? Claramente, como Ackerman indica, las protestas y marchas no son efectivas para mover a un gobierno como el de México. No es necesariamente pecaminoso manifestarse, ya que la expresión libre es, en teoría, un derecho en nuestra nación. Sin embargo, parece ser que en nuestro país, manifestaciones y protestas equivalen virtualmente al vandalismo, los insultos, los excesos. La experiencia nos enseña que la mayoría de las manifestaciones en México no son pacificas, civiles, ni informadas, sino que a menudo estas son ocaciones para el desenfreno y la anarquía.

Si tú como cristiano estás en desacuerdo con el gobierno, es tu derecho como ciudadano de los Estados Unidos Mexicanos el expresarte libremente, pero es tu obligación como ciudadano del reino de Dios, el no hablar palabras ofensivas, insultos, maldiciones, etc. Entonces, si tienes la oportunidad de manifestarte pacífica y civilmente, puedes hacerlo. Esto está, en teoría, bajo la ley, y por lo tanto tu expresión de desacuerdo no viola los principios que el apóstol Pablo establece en Romanos 13.

Sin embargo, la Biblia tiene bastantes advertencias para las personas que son prontas para hablar, y para los que juzgan. Si tu opinión no está bien informada, o si tu opinión es de naturaleza juiciosa, asegúrate de que la viga en tu ojo ha sido quitada, de lo contrario, te es mejor delante de Dios abstenerte de impartir juicio.

Busca soluciones prácticas

Vota Informado

Una forma práctica de tener un gobierno mejor es involucrarse más en la política del país de una forma más informada. Muchos mexicanos, vergonzosamente, siguen votando por sus representantes basados en su apariencia física o su partido político, y al mismo tiempo ignoran completamente las políticas, iniciativas, credenciales, educación, principios, etc. del candidato.

Se un buen mayordomo

Si la gasolina subió de precio y el salario mínimo sigue igual de miserable, es un buen momento para aprender a usar los recursos que Dios nos da de forma más eficiente, y de forma que le de la mayor cantidad de gloria a Dios. No es congruente quejarse del aumento de la gasolina y al mismo tiempo malgastar el dinero en cafés extranjeros que cobran como si todavía estuvieran en Seattle, o en ropa de marca, iPhones, y pantallas más grandes que el muro de tu sala (Tampoco vayas a saquear el Chedraui y sacar unas pantallas). No es congruente quejarse del gasolinazo y aun así continuar usando el carro para transportarse tres cuadras. Considera usar una bicicleta o caminar. Considera tener un presupuesto mensual donde tus gastos estén planeados. Considera ser generoso. Si tu hermano no tiene mucho dinero ofrécele un aventón. Si tu hermano no tiene mucho para la comida, ofrécele que venga a comer a tu casa una vez a la semana. Incluso si tú mismo no tienes mucho dinero, recuerda a los Cristianos de Macedonia que dieron de su misma pobreza. Recuerda las palabras de Pablo a los Filipenses, “Se vivir en abundancia y en necesidad.” La clave esta en tu unión con Cristo. Si estás unido a Cristo, tu contentamiento no está basado en el precio de la gasolina, sino en todas las bendiciones espirituales que son tuyas en Cristo.

Ora con acción de gracias

Pablo exhorta a los Filipenses a que no estén afanosos por nada sino que le pidan a Dios con acción de gracias. En otras palabras. Ora a Dios, y dile lo que sientes, pero no se te olvide agradecerle incluso por tu situación económica. Dios suplirá todas tus necesidades.

(2) La segunda declaración de Ackerman me dejo pensando todavía más. Él dice que, “la mejor forma de evitar un aumento en la carga fiscal no es con el suicidio del Estado, sino con la construcción de un nuevo gobierno honesto, social y autosustenable.” Es impresionante ver que John tiene su esperanza en que el gobierno de AMLO va a lograr esto. Estoy seguro de que es humanamente posible tener un buen gobierno. Existen algunos países en el mundo que aparentan tener un gobierno decente. Sin embargo, un gobierno cien por ciento honesto, social y autosustentable no puede ser logrado por el hombre. El único gobernante que es capaz de lograr esto es Jesucristo. El profeta Isaías describe a este gobernante como alguien sabio e inteligente, alguien poderoso, con conocimiento. Esto es un gobierno autosustentable. Él no juzga por lo que sus ojos ven, ni sentencia por lo que oyen sus oídos. Jesús es un gobernante honesto. Él juzga a los pobres y afligidos con justicia. Él destruye a los impíos. Él es un gobernante social que tiene un corazón verdadero para con los pobres y afligidos. Tristemente, en este mundo, todos los gobernantes, por más buenos que sean, ultimadamente buscarán sus propios intereses. Jesucristo es el único rey que vino a servir y no a ser servido. Es el único rey que se humillo hasta la muerte, y muerte de cruz.

Dios creó cada parte de ti para la adoración

Este artículo fue publicado originalmente en la página de Desiring God y el autor original es Ryan Lister. Él es profesor en el seminario teológico Western Seminary y es autor del libro The Presence of God: Its Place in the Storyline of Scripture and the Story of Our Lives.

En realidad no toma mucho.

Puede pasar cuando escuchas la canción navideña favorita de tus papas. Inmediatamente la canción te transporta fuera de tu día de trabajo estéril, de regreso a tu juventud, a una sala llena de oropel, regalos y anticipación.

O tal vez sucede cuando hueles las especias del judo de manzana moviéndose por toda la casa esta navidad, y tú esperas la memoria de tu abuelo parado en la cocina, presumiendo su receta perfecta, con su sonrisa juguetona.

Adora con los cinco sentidos

Por supuesto, las memorias no son siempre ideales. Para algunos, estas son intrusiones inoportunas a una vida en construcción. Buenas o malas, dulces o amargas, las memorias regresan cada navidad. Solo un pequeño gatillo, y todo lo que hemos amado, perdido, y atesorado parece inflamarse en nuestros corazones.

La nostalgia llega por medio de nuestros sentidos. Lo que oímos, vemos, probamos, tocamos y olemos es la tinta que usamos para escribir nuestras autobiografías mentales. No podemos escapar nuestras memorias, porque no podemos escapar nuestros sentidos, de la misma forma que no podemos escapar de nosotros mismos.

Esto es hermoso porque fuimos creados de esta forma con un propósito. Dios nos da cinco sentidos para ayudarnos a adorarle: las vistas, los olores, las texturas, y los sabores testifican de la diversidad de los regalos de Dios y de la profundidad de la adoración que Dios merece.

Pero en nuestra búsqueda de conformar nuestro corazón y mente a la imagen de Cristo, a menudo olvidamos los elementos físicos de la adoración. Cuando perdemos esta dimension, a menudo perdemos lo que significa ser enteramente humano, e irónicamente nos perdemos de una forma principal en la que Dios quiere transformar nuestro corazón y mente. Nuestro Señor consistentemente construye la adoración en torno a los sentidos.

Recuerda la Pascua

Parados al precipicio de la caótica redención de Israel, Dios le ordena a su pueblo que se siente a comer — un mandamiento que podría parecer un poco fuera de lugar y mal informado. Pero cuando vemos esta escena a la luz de la obra de teatro completa, las instrucciones de Dios son perfectas. El éxodo no solo se trata de Dios guiando a Israel fuera de Egipto; se trata de Dios guiando a Israel a una adoración para toda la vida.

La pascua es nostalgia teológica. La pascua define la experiencia de redención de toda una generación de forma tan grande que Dios ordenó una repetición de la obra cada año (Éxodo 12:14). Con cada cordero, ellos olían redención. Cuando probaban las hiervas amargas, ellos probaban la bondad de Dios. Cuando se abrochaban las sandalias, cada paso les recordaba su gracia. Cada vez que mojaban el hisopo con la sangre, estaban pintando su teología.

Recuerda el Templo

El templo es el instrumento que Dios usa para abrumar a su pueblo de adentro para afuera. Sus elementos de adoración sacuden cada uno de los sentidos físicos para meter sus propósitos en su pueblo. Dios afinó a Israel y a sus sacerdotes al tono de su presencia y alabanza por medio del sabor del Pan de la Presencia, el calor de los holocaustos, el aroma a cedro e incienso, el brillo del oro, y los ecos de las oraciones. La experiencia multi-sensorial del templo traía a la persona entera delante de la presencia y la gloria de Dios (2 Crónicas 7:1-2).

Al igual que la pascua, cada visita al templo grababa olores, toques, sabores, sonidos, e imágenes en la consciencia del adorador. Después de dejar el templo, cuando un olor o sonido familiar rompía su rutina, el adorador era jalado de vuelta a la memoria del lugar donde Dios estaba presente, donde sus pecados murieron, y donde las promesas de Dios estaban completamente expuestas.

Recuerda la encarnación

En Cristo, Dios se hizo carne y tabernaculó en medio de su pueblo (Juan 1:14). En Cristo, vemos a Dios, y simultáneamente, lo que significa ser verdaderamente humano.

Es por esto que el ministerio de Jesús invade cada parte de nostros, incluyendo nuestros sentidos. Por medio de ojos con lodo los ciegos pueden ver. Por medio de tocar su manto, él cura a los quebrantados. Por medio del sonido de una simple oración, las multitudes probaron pan y pescado si fin.

En Jesús, el que creó nuestros sentidos entró a este mundo para redimirlos. Él vino a tocar, oler, oír, ver, y probar la muerte por su pueblo para que tú y yo podamos hacer lo que fuimos creados para hacer: adorarle con cada parte de nuestro ser (Romanos 12:1).

Fuimos creados para esto. Dios nos llama a probar el Pan de Vida, a tomar el Agua Viva, a ver la Luz del mundo, a oler las ovejas de nuestro Buen Pastor, a oír su pregunta, “¿Quien dices tú que soy yo?” Fuimos creados para tocar las marcas de los clavos en sus manos y verle parado afuera de la tumba vacía (Juan 20:27).

Recuerda las Buenas Noticias

Debemos escuchar y experimentar el evangelio una y otra vez. Dios ha creado una forma de hacer esto. Jesús nos da nostalgia de un nuevo pacto en el pan y el vino de la Cena del Señor. Y por medio de las aguas del bautismo, vemos, probamos, oímos, olemos, y sentimos lo que significa pasar de muerte a vida.

Dios nos salva — redimiendo y reinterpretando nuestros sentidos también — para que podamos adorarle de forma más completa. Entonces, prueba y ve — y toca, oye, y huele — que el Señor es bueno (Salmo 34:8). Fuiste creado para esto — cada parte de ti.

Clases de gratitud con el profesor Lutero

En esta temporada de celebración y de gratitud nos haría bien reflexionar brevemente sobre la gratitud junto a un reformador como Lutero. Él reflexiona sobre la gratitud en los escritos “Watchwords for the warfare of life.”
El punto de Lutero es que Dios es tan generoso con nosotros, que nos olvidamos de ser agradecidos. Además el nos exhorta a considerar los dones y bendiciones que Dios fielmente nos ha dado y que los disfrutemos reconociendo que vienen de él.
Él nos invita a reflexionar con él proponiendo esta hipotética situación: “Si Dios nos negara por un tiempo el uso de sus creaciones; si el una vez detuviera el sol de brillar, en otra ocasión aprisionara el aire, o una vez más secara las aguas, o apagara el fuego, entonces nosotros verdaderamente daríamos vigorosamente todo nuestro dinero, y todo lo que poseemos, para tener una vez más el uso de estas creaciones.” ¿Cuantas veces damos por sentado dones tan maravillosos debido a su naturaleza tan constante?
A esto, él agrega que “[Dios] nos da sus dones y riquezas tan liberalmente y tan abundantemente, que nosotros los reclamamos como un derecho.“ Es por eso, asegura Lutero, que “la inefable gran abundancia de sus incalculables beneficios estorba y obscurece nuestra fe.“ Lutero, por supuesto, no está culpando a Dios por nuestra ingratitud y falta de fe. Más bien él atribuye nuestra falta de gratitud a nuestra misma perversidad. “Somos tan descaradamente perversos,” agrega Lutero, “que somos malagradecidos por nuestros regalos y bienes presentes, y solo pensamos en las deficiencias.” La clave de nuestra falta de gratitud está en nuestra naturaleza pecaminosa. Desde el trágico episodio de la humanidad en Génesis 3, nuestra actitud no es otra más que ingratitud. No obstante, Lutero nos exhorta a “contar los dones que [cada uno] tiene;” Cuando hacemos esto, cada uno de nosotros “encontrara muchos más dones que deficiencias;” Además, él nos urge a que le agradezcamos a Dios por estos mismos.
Tal vez una buena pregunta que puedes hacerte hoy que estamos celebrando el Día de Acción de Gracias (Thanksgiving) en este país, y que tienes los regalos y bendiciones de Dios frente a ti sobre la mesa, es: “¿Qué dice nuestro Señor Dios en lo alto, en el cielo, de nuestro estar sentados aquí consumiendo sus regalos? Ciertamente es por este propósito que él los creó; para que los usáramos; y él no pide nada de nosotros más que reconozcamos que son sus regalos, y que los disfrutemos con gratitud.” Esta es la actitud que todos, pero especialmente los creyentes deberíamos tener hoy y todos los días.
Además, los bienes materiales que gozamos y todas las cosas creadas que disfrutamos, tan buenas como son, no se comparan con el regalo de Dios más grande de todos. Este regalo no fue creado. De hecho, por medio de él y para él fueron creadas todas las cosas. Dios nos dio a su hijo unigénito. Lutero declara que “Dios nos da su buena Palabra; sí, a sí mismo.” Dios, en Jesucristo, se dio a sí mismo por nosotros. Nuestra respuesta, sin embargo, lamenta Lutero, fue que “él fue blasfemado, puesto como nada, en efecto, su hijo amado gravemente despreciado, burlado, y colgado en una cruz; y sus siervos acosados, perseguidos, y asesinados. Esta es nuestra gratitud por habernos creado, redimido, nutrido y preservado.”
Cristiano, tengas o no tengas muchas bendiciones materiales, en Cristo ya has recibido el regalo más grande de todos. Has recibido a Dios mismo. La actitud de un verdadero creyente debe de ser una de agradecimiento por todo; especialmente por Jesucristo. Porque, ciertamente, cuando tenemos a Jesucristo, no existe una sola cosa por la cual no podemos dar gracias a Dios. Al estar unidos a él, todas las cosas son para nuestro bien. Pablo entendía muy bien esto, es por esto que el escribió, “Estén siempre gozosos. Oren sin cesar. Den gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:16-18).

¿Por qué cantamos los cristianos?

Los cristianos cantamos. La iglesia ha cantado desde su fundación, a lo largo de su historia, y hasta hoy en día. De hecho, la práctica de adorar a Dios por medio del cántico nunca va a terminar. Pero, ¿por qué cantamos? Durante un periodo de mi vida batallé con una extraña sensación de incomodidad, e incluso indiferencia al cantar. Recuerdo estar en medio de una reunión de la iglesia donde todos estaban cantando y yo simplemente no me sentía con las ganas de hacerlo. Me preguntaba: “¿Cuál es el propósito de cantar estas alabanzas? ¿Por qué no siento nada cuando canto? ¿Por qué no tengo ganas de cantar? ¿Por qué está llorando esa persona? ¿Por qué esa otra persona parece estar tan emocionada, levantando las manos?” (No quiero sugerir que cierta postura o ciertas apariencias son los árbitros finales de la adoración sincera). Tengo la certeza de que no soy el único que ha experimentado esa sensación. Sé que muchos creyentes luchan con el pensamiento de que cantar durante una reunión de la iglesia es una práctica rara, incómoda o insignificante.

Reconozco que todavía tengo mucho que aprender sobre la verdadera adoración a Dios (la adoración no está limitada al canto. Podemos adorar a Dios de muchas otras formas). Sin embargo, quiero ofrecer algunos descubrimientos personales que me han ayudado a cambiar poco a poco mi actitud hacia la alabanza individual y corporativa de la iglesia por medio de la música.

Cantar a Dios es una práctica bíblica

Puede parecer muy obvio, pero a mí me ayudó mucho el recordar que cantar a Dios es una práctica cien por ciento bíblica. No se necesita hacer un estudio extensivo de la Biblia para ver que a lo largo de la historia de la redención, el cántico a Dios es una respuesta común y apropiada de parte de aquellos que experimentan la salvación y la gracia de Dios. En Éxodo 15 tenemos el primer cántico de adoración a Dios preservado. El Señor redimió a su pueblo de Egipto con su mano fuerte. Dios demostró su gracia y su salvación a los israelitas. La respuesta de ellos fue cantarle al Señor. Débora y Barac cantaron al Señor recontando su salvación (Jueces 4-5). David es famoso, entre otras cosas, por sus salmos de alabanza a Dios. Por ejemplo, en 2 Samuel 22 David alabó a Dios después de haber sido librado de sus enemigos. Él también alabó a Dios grandemente cuando el arca fue rescatada y traída a la ciudad de David. Incluso él designó a un grupo de personas específico para que alabara a Dios de forma organizada e institucional (1 Crónicas 16). Así mismo cuando el arca fue trasladada al templo que Salomón construyó, los levitas nuevamente cantaron y alabaron al Señor de forma institucional por su misericordia (2 Crónicas 5). Los pastores de Belén, después de haber oído las noticias del nacimiento del salvador, y después de haber ido a adorarle, regresaron glorificando y adorando a Dios (Lucas 2:8-20). En el libro de Hechos vemos como todos los que se arrepentían de sus pecados y creían en Jesús para salvación, se dedicaban continuamente, entre otras cosas, a alabar a Dios de forma unánime.

Cantar a Dios es una respuesta de alguien que ha experimentado salvación

Si pusiste atención a los pasajes que utilicé como referencia en el punto anterior, notarás que todos tienen algo en común. Las personas que alaban a Dios con canción son personas que experimentaron la salvación de Dios. Una persona no puede conocer experimentalmente la gracia y misericordia de Dios y no sentir la motivación a responder en exuberante y gozosa adoración a él. Si no notaste esto, regresa y lee las citas que mencioné. Es inescapable. La gente que canta, canta porque Dios los ha salvado. En los Salmos vemos una y otra vez exhortaciones a cantar a Dios y a alabarle. ¿El motivo? Su bondad, su fidelidad, su salvación, su justicia, las buenas nuevas de su salvación, su santidad, etc. (Salmo 92, 95, 98, 99, 100, etc). ¿Te das cuenta? Si no tienes la motivación de cantarle a Dios, probablemente no has entendido su salvación. ¿Sabías que debido a la santidad y a la justicia de Dios merecias estar separado de él eternamente? Tu pecado no te permitía acercarte a Dios. Eras un enemigo de Dios. Pero Dios en su misericordia te dio gracia. Cuando merecías la muerte, él te dio gracia. Él dio a su Hijo Jesús para morir en tu lugar. Los pecados que tú cometiste le fueron imputados en la cruz, y él sufrió la separación de Dios que tú merecías. ¡Además su justicia te fue imputada a ti! Si esto no te motiva a cantarle a Dios y a adorarle por su gracia, tengo la certeza de que nada más lo hará. El evangelio es la motivación principal para adorar a Dios.

Cantar a Dios no solo es una práctica bíblica, ¡es una mandato bíblico!

Por si fuera poco, Dios nos manda en la Biblia que le cantemos. No deberíamos necesitar un mandamiento para cantarle a Dios. Esto debería de ser un acto natural de agradecimiento Como respuesta a su gracia para nosotros. Sin embargo, Dios en su misericordia, gentilmente demanda que le cantemos. En Efesios 5:19, Pablo nos recuerda: “Hablen entre ustedes con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con su corazón al Señor. Den siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre” (NBLH) (cf. Colosenses 3:16). No hay escapatoria. La adoración a Dios por medio del canto corporativo es requerida del creyente.

Cantar a Dios es una forma de animarnos y exhortarnos unos a otros

La alabanza a Dios, aunque puede y debe de ser practicada individualmente, es principalmente un acto corporativo. La adoración a Dios normalmente ocurre en un contexto de comunidad. En todos los ejemplos que he citado, grupos de personas adoran a Dios de forma corporativa. Los Salmos fueron escritos para ser cantados por el pueblo de Israel unido. Los mandamientos de cantar en Efesios y Colosenses tienen como propósito, además de darle la gloria a Dios, el enseñar y amonestar unos a otros. Los creyentes nos ministramos unos a otros cuando adoramos a Dios juntos. Los cantos que proclamamos deben tener como propósito el animar y enseñar a la iglesia reunida (es por eso que es imprescindible tener cantos que sean fieles a la Palabra de Dios). Pero si no cantas, ¿Cómo vas a animar a tu hermano? Si no alabas a Dios sinceramente con acción de gracias, estás privando a tu hermano del ánimo que tú le puedes dar y de la enseñanza que él puede recibir al cantar a Dios junto contigo.

Te animo a reflexionar en esto. Cantar a Dios no es una práctica reciente que un hombre inventó. La iglesia, el pueblo de Dios, ha estado cantándole al Señor en adoración por generaciones. Esta es una práctica bíblica. Además es un mandato bíblico que se nos da para la adoración al Señor, y la edificación de su cuerpo. Y lo más importante: Es de una naturaleza sumamente dudosa el decir que has experimentado la gracia y la salvación de Dios, y no querer cantar o no sentirte comodo cantandole a Dios. El evangelio es la motivación principal para adorar a Dios.